viernes, 28 de octubre de 2016

Carta a mi primer amor



Hace un par de años me apunté a una especie de cadena de favores y fuiste una de las personas que quería recibir un favor. Las condiciones eran que no sabías cuándo ni cómo, yo tenía que hacer algo por ti, una sorpresa de algún modo (un detallito, una visita, una carta…). Dado que estás a miles de kilómetros de aquí, esta carta es mi regalo para ti.

Han pasado muchos años desde la última vez que te vi, y he pasado por muchas experiencias en la vida desde entonces, pero quería darte las gracias, porque creo que gracias a que la relación que tuvimos fue sana, no he tenido problemas para relacionarme con otras personas que vinieron después de ti.

Esto puede parecer una tontería, pero, desde que estoy metida en el movimiento feminista, me estoy dando cuenta de todo lo que condiciona nuestras vidas y nuestras relaciones. Está claro que una relación adolescente tiene muchos fallos y que según vamos creciendo vemos las cosas con más claridad, pero, dentro de lo que cabe, nuestra relación fue buena. Aún con los impedimentos que tuvimos que sufrir, conseguimos llevar una relación de un año y pico (si me hubieras preguntado por aquel entonces sabría decirte hasta los días, pero 14 años después no me acuerdo de tanto) de una manera respetuosa y con cariño. Junto a ti, viví hitos muy importantes en la vida amorosa de una persona (el primer amor, el primer beso, la primera vez…), y, después de todo este tiempo, si me dijeran que describiera esos momentos con una palabra diría “dulce”, porque las cartas, las llamadas, el tiempo que pasamos juntos… todo lo que vivimos lo recuerdo así. Está claro que el tiempo suaviza los recuerdos, pero sé que no tuvimos grandes discusiones, sé que no hubo comportamientos tóxicos, y sé que todo lo que hicimos fue consensuado y sin que nadie forzara a nadie a nada. Incluso la ruptura fue pacífica, porque sabíamos que no podíamos soportar más esa situación, esos kilómetros.

Después de ti, han pasado otros hombres por mi vida, pero de las otras relaciones aprendí más cosas que no quería para mí de las que sí quería. Restaron. Con la relación que tuvimos aprendí cosas que sí quería en mi vida. Sumaste. Ahora tengo la suerte de estar en una relación que suma, y todas las experiencias que viví me han hecho ser una persona que también suma para la otra parte (o eso creo). Supongo que todas las personas pasan por relaciones que suman y que restan, pero yo tuve la suerte de que mi primera relación fuese positiva. Una primera relación configura mucho la vida amorosa de una persona, y en eso es en lo que tengo que darte las gracias. Porque me trataste bien. Sí, aunque suene a tontería de nuevo, aunque parezca de sentido común que tenemos que tratar bien a los otros seres vivos que nos rodean, no todo el mundo hace eso. En otras relaciones me he sentido minusvalorada, engañada, frustrada… Cuando se suponía que para mis parejas en ese momento yo era una de las personas más importantes de su vida y, por lo tanto, era de esperar, era de sentido común, que me trataran bien y no siempre fue así. Tampoco estoy diciendo que todo sea blanco o negro, bueno o malo. Está claro que si estuve con esas personas era porque me aportaban algo en ese momento, pero el conjunto fue negativo. Y nuestra relación, en cambio, fue buena.

Aunque sé que estás lejísimos y que apenas hemos hablado en estos 14 años desde que nuestra relación se acabó, sé que eres una persona con la que puedo hablar sin problema si nos apetece, y sé que si un día nuestros caminos se cruzan en ese raro trayecto Bilbao-China-Madrid, podremos sentarnos juntos a tomar un café, ponernos al día y contarnos nuestras aventuras.

Además, mis padres me enseñaron que es de bien nacidos ser agradecidos. Así pues...

Muchas gracias, Íñigo.

Con cariño,

Ana


P.d.: Aún tengo guardadas todas tus cartas, atadas con un lazo rojo, como buena romántica que soy, ja, ja, ja.

viernes, 8 de julio de 2016

Quiero gritar

Porque no sé qué va a ser de mi vida en dos años. Porque no sé qué va a pasar con este país en el que vivo, al que a veces amo y al que veces odio con todo mi ser. Últimamente lo odio más que otra cosa. Un país no es nada. Un país es la gente que lo habita. No podemos echar la culpa de lo que nos pasa a un país, porque un país no tiene responsabilidad, porque no es nada. Y la gente de mi país me decepciona más que otra cosa. Sí, a veces tienen sus puntos bonitos, solidarios, amables y buenos. Pero últimamente sólo veo miseria. Sólo veo mierda por todas partes. Veo machismo, veo racismo, veo homofobia, veo gente egoísta, veo políticos que no trabajan para solucionar los problemas, sino que sólo quieren enriquecerse a costa de los imbéciles que confiamos en ellos, o que no nos queda más remedio que seguir sus malditas normas. Y yo quiero gritar y patalear, y quiero hacer ver a la gente que su pasividad sólo nos condena. Que conformarse con lo que hay porque lo que puede venir pueda ser peor es aceptar que nos maltraten. Que tenemos que tomar las riendas porque no hay país. Porque nosotros somos el país. No son ellos; ni los políticos, ni los hombres que se creen superiores a las mujeres, ni los blancos que se creen mejores que los negros, chinos o árabes, ni los heterosexuales que se creen mejores que los gays, lesbianas, transexuales o de cualquier otra preferencia para querer a quien les salga de la punta del nabo o del chocho o de lo que les de la gana tener, que a usted qué cojones le importa lo que haga cada uno en su cama. Porque ya basta de que nos pisoteemos entre nosotros. Ya basta de que nos hagan odiarnos y pelearnos entre nosotros, cuando los poderosos son los que se quedan la mayor parte del pastel y la mayoría de la población vive con menos que más. Ya está puto bien. No puedo más con esta sociedad de mierda. Con este país de mierda que somos nosotros, que lo hacemos así. Y me hinchan las narices los seguidores acérrimos de un partido político. ¿Es que os da de comer? Obviamente a los dirigentes sí, pero ¿a nosotros? ¿A los curritos de toda la vida? No, que los que estamos currando por 4 duros somos nosotros, oiga, y 2 se los quedan en impuestos. ¿Qué es esa mierda de ser un puñetero fanático de un partido? Hay que ser crítico, y si el partido al que has votado te está jodiendo pues lo reconoces y te quejas y les exiges, no lo justifiques para tener la conciencia limpia y no sentirte mal con lo que votaste. Que los que votamos lo hacemos confiando en que lo que nos prometen con esas endulzadas promesas electorales se convierta en realidad como si las hiciera el hada madrina de Cenicienta, pero resulta que los políticos luego hacen lo que quieren y no cumplen. Esto tampoco quiere decir que vote cada uno así al tuntún porque todos tienen bonitos ideales. Tampoco hay que ser imbécil, mire. Que hay que informarse al menos un poquito. Pero que ya está bien de amar y justificar a un partido politico como si fuera un equipo de fútbol. Que si uno vota a un partido un año y a otro en otras elecciones no es ser chaquetero. Es informarse y votar lo que se cree mas conveniente, cojones. Que parecemos subnormales con las fidelidades políticas. Y quiero gritar no sólo por eso. Es todo, mire donde mire hay injusticias y estoy tan harta que quiero gritar, pero de verdad. Que a la próxima persona que me intenté justificar un comportamiento machista/racista/homofobo voy a dejar de hablarle por no partirle su estúpida cara. Y no quiero irme del país, no quiero irme lejos de mi familia y amigos, pero si esto sigue así igual me tengo que ir. Tengo la sensación de que esto es insostenible y que va a reventar por algún lado. Y tengo la sensación también de que muy poca gente se da cuenta de que esto es insostenible y va a reventar por algún lado, y sólo veo gente pasiva, y yo quiero hacer algo. Algo que no sea gritar. Quiero mejorar esto, pero no sé cómo, y eso me frustra más, y me hace querer gritar más. Argh.

Y sí, he escrito esto tal cual me ha salido, y no, no voy a corregir los tacos, ni las redundancias, ni nada, que si la vida es así pues así la digo. Y a tomar por culo todo.


miércoles, 15 de junio de 2016

Papá, mamá, no quiero ser una princesa.

Papá, mamá, siento decepcionaros si queríais una pequeña princesita adorable, pero yo no soy eso. He pasado muchos años queríendo serlo, viendo modelos de conducta por todas partes que me empujaban a ser amable, sonriente, dulce, cariñosa y a no molestar mucho, si podía ser. Las niñas, las chicas, las señoritas (no digamos mujeres, que suena muy adulto y sin gracia), tenemos que ser esbeltas, gráciles, guapas, aseadas, bien peinadas y maquilladas, con un aura que desprenda fragilidad y gracia por todas partes. Tenemos que ser un adorno, y tenemos que querer serlo. Miles de influencias nos lo gritan a la cara desde que somos pequeñas; incluso antes de nacer ya nos están comprando ropa rosa, no vaya a ser que nos vistan de otro color y parezcamos un niño.

Eso no quiere decir que rechace de plano todo eso. Se puede ser amable, sonriente, dulce y cariñosa, no hay problema en ello. Pero eso no quiere decir que haya que ser así todo el tiempo. Yo me considero una persona amable y cariñosa, pero también tengo mucho carácter, digo lo que pienso y lucho por lo que quiero. Ahí hay un conflicto con el ideal princesil. Y ese conflicto lo he sufrido toda mi vida, porque en cuanto una niña/chica/señorita saca un poco de nervio, resulta que es una marimandona, o una borde, o cualquier otro calificativo despectivo. Porque una princesa tiene que ser un ser hermoso y pasivo, no puede ser decidida, no puede pensar, no puede tener carácter, no puede destacar y no puede cuestionar las órdenes. Tiene que seguir el protocolo marcado, y, si lo incumple, chirria y hace que todo el mundo la mire con desprecio para que se arrepienta y vuelva a ser una princesa impecable.

No me maquillo. No lo hago porque me da pereza y luego siento la cara rara. El maquillaje me pica, me molesta, y no me parece que el esfuerzo de ponérmelo y llevarlo merezca la pena. Sí, me veo más guapa si me maquillo porque eso es lo que nos hacen deglutir una y otra vez desde la publicidad. Pero ¿por qué tengo que ser más guapa (si es que el maquillaje de verdad es bello)?¿Con qué fin?¿Para quién? Si es para mí, la verdad es que yo prefiero ir con la cara lavada, mucho más a gusto. Si es para complacer a los hombres entonces no me interesa. Al hombre al que le tengo que gustar ya le gusto lavada, despeinada y recién despierta. No soy un adorno, ni yo ni ninguna mujer. La que se maquille porque a ella le guste bien por ella, pero a las que no nos gusta ¿por qué tenemos que hacerlo? Quien dice maquillarse dice depilarse, matarse en el gimnasio o sin comer para estar delgada, llevar tacones o ropa incómoda para ir sexy o elegante o ambas cosas, maltratar el pelo con miles de productos para darle color o una forma específica... Lo mismo me da, básicamente cualquier tipo de actividad para cambiar lo que somos por naturaleza. Como toda buena princesa tiene que hacer para estar impecable.

No quiero ser princesa. No quiero comportarme todo el rato pensando en lo que van a pensar los que están a mi alrededor. Quiero poder decir lo que pienso y que se me escuche, quiero poder reirme a carcajadas sin que me miren como si estuviera loca, quiero poder expresar lo que siento sin que se me trate de histérica. Quiero poder llevar mis pendientes de perlas y enseñar mi tatuaje a la vez, sin que desentonen porque no encajan en un estándar social. Quiero poder decir "mama" en vez de "mamá" y no preocuparme si no suena fino. No he nacido en una alta cuna ¿y qué? Eso no quiere decir que sea peor que la gente que sí. ¿Por qué tengo que ser refinada? Ni que fuera a comer con el rey.

Ojo, que todo lo que estoy diciendo no quiere decir que no sepa comportarme. Sé diferenciar perfectamente un ambiente de otro. Pero si en mi casa y con mi familia digo muchos tacos y expresiones brutas, pues me expreso libremente y me río todo lo que quiero. Eso no quita que siempre salude, diga "por favor" y "gracias" y trate de usted a mis mayores. Eso no quita que cuando esté en mi lugar de trabajo sepa comportarme de manera profesional. Pero que en la intimidad familiar diga alguna burrada no me quita valor. Ni que no encaje con el estándar de mujer perfecta me quita valor. Y soy mujer, y me gusta, pero odio que por no ser perfecta me quieran hacer sentir menos mujer. Soy MUJER, me gusta y nadie me va a quitar eso. Y no, no soy una princesa. Y sí, soy cisgénero, heterosexual, blanca y no tengo ningún tipo de minusvalía pero creo que las mujeres que no coinciden con esto también son mujeres, y no son menos femeninas por ello. Porque la feminidad no es ser perfecta, no es ser un adorno, y no es encajar en un estándar social. Y a ninguna mujer deberían hacernos sentir menos mujer por no encajar con ese estándar.

Cerca ya de la treintena, por fin me he dado cuenta de que lo que quiero ser es una amazona, no una princesa.



jueves, 15 de octubre de 2015

"El mejor reglamento, que el usuario esté contento"

Empezar un nuevo trabajo me hace repasar mi trayectoria laboral. Recuerdo desde mi primer trabajo como camarera, algo temporal para ganarme un dinerillo y pagar mis caprichos, hasta mi trabajo actual, ahora en el Senado. También influye que el trayecto en transporte público me da mucho tiempo para pensar; aunque vaya leyendo algún libro, muchas veces mis pensamientos van por donde quieren.

Hoy me he acordado de una experiencia que tuve trabajando en el mostrador de atención al usuario en la biblioteca de la universidad. En aquella época trabajaba por las tardes, de 5 a 9, hasta que cerraba la biblioteca. Una tarde tranquila de invierno, bastante oscura ya, vino un señor de alrededor de 50 años, aunque puede que fuera más o puede que fuera menos, nunca he sido muy buena adivinando la edad de las personas. No era el típico usuario de la biblioteca, no parecía un profesor ni tampoco un alumno, aunque hay gran variedad y yo misma he ido a clase con gente de mediana edad, pero no me dio la sensación de ser lo uno ni lo otro. Se acercó un poco tímido hacia mí, que le saludé como a todo el que se me acercaba, para abrir diálogo y ver qué necesitaba. Empezó a darme explicaciones, parecía que justificándose, diciendo que a ver si podía hacerle un favor, que él no sabía utilizar su móvil bien y necesitaba mandar un mensaje. Yo, por un momento, me quedé un poco extrañada y sin saber muy bien qué hacer, ya que no estábamos allí para ese tipo de consultas, pero enseguida me recompuse, aparté mi lado de trabajadora y como tampoco estábamos muy ocupados en el mostrador, le ayudé como si me lo hubiera pedido una persona cualquiera en la calle. El mensaje que quería que le escribiese, que fui transcribiendo según él me iba dictando, era de carácter serio, incluso con un tono de enfado, dirigido a su padre. En esos momentos me sentí incómoda, pues era como si no estuviera respetando la intimidad de una conversación importante y dolorosa entre dos personas. Por otro lado, también sentí pena, se me hizo muy extraño ver a un adulto desvalido, primero por no tener una destreza que hoy en día es bastante básica, y segundo por tener un problema con su padre casi como si fuera un adolescente. Me dieron ganas de apartarme de él para darle su intimidad, pero también de darle un abrazo. No sé muy bien por qué me hizo sentir tanto, quizá estaba en un día particularmente sensible, pero así fue.

Cuando terminé de escribirle el mensaje y enviarlo, le devolví el móvil y él me dio las gracias varias veces. Se marchó y yo me quedé con una sensación de desazón en el cuerpo. Aunque no había mucho trabajo tenía cosas que hacer, así que me marché del mostrador al depósito de fondo especializado a colocar los ejemplares que habían devuelto a lo largo de la tarde. Estuve un rato allí, disfrutando de la paz y el silencio que suele haber mientras hacía mi trabajo e intentaba quitarme de la cabeza el mensaje que me había dictado el hombre.

Siempre me encantó bajar al depósito. Es una sala rectangular enorme, con cientos de estanterías colocadas como fichas de dominó. Al principio de trabajar allí me perdía entre las estanterías buscando un número de la CDU para colocar el ejemplar que correspondiera, y daba más vueltas que una veleta, pero conforme avanzaron las semanas empecé a tener un conocimiento espacial bastante preciso, y sabía por qué número empezaban y acababan los pasillos, así que enseguida me situaba. Disfrutaba muchísimo cuando algún usuario despistado y abrumado por la cantidad de números y auxiliares, estanterías y pasillos no era capaz de encontrar el manual que buscaba y me preguntaba. Al momento, me giraba en la dirección correcta y echaba a andar como un autómata, directa al número que buscaba mientras el estudiante (o, en menos ocasiones, el profesor) me seguía y se quedaba maravillado de que encontrara el libro que quería a la primera. Sentía como si fuese la guardiana de los libros, como si estos fuesen parte de mí; conocía el depósito como la palma de mi mano, y me encantaba ayudar a las ovejitas descarriadas. Y el silencio, ese silencio que no hay en ningún sitio más. En ese depósito no había mesas de estudiantes, estas estaban en otras salas, así que lo único que se oían eran pasos cuando había alguien buscando algo, sino ni eso. Nunca olvidaré ese silencio y no dejaré de querer volver a él.

Cuando terminé de colocar todo lo que llevaba en el carrito regresé al mostrador principal. Al llegar, uno de los funcionarios me dio un bollo en su bolsita de plástico, de los que vendían en la máquina expendedora de la entrada. Resulta que el señor del móvil, al salir se sentía tan agradecido que compró el bollo y regresó para dármelo por haberle ayudado, pero como no estaba lo dejó allí para mí. Se me cayó el alma a los pies. No tenía por qué hacer eso, no era necesario, yo sólo quería ayudarle.



jueves, 12 de marzo de 2015

Donde se cuenta por qué no leer 50 sombras de Grey o "Una y no más, Santo Tomás"

Después de todo el revuelo que se montó con 50 sombras de Grey, al final me he leído el libro (el primero de los tres) para poder dar mi opinión. Me ha costado una barbaridad, es aburrido, repetitivo, incoherente... En fin, una joyita, aunque tampoco esperaba más. De los otros dos he leído un resumen porque me niego a perder mi tiempo más con esta trilogía, bastante es que me he terminado el primero por que no me gusta dejar libros a medio leer, pero ganas he tenido.

Antes de nada, quiero dejar claro que esto es mi opinión y que cada uno lea lo que quiera o pueda, faltaría más, pero no le recomendaría este libro a nadie. Soy una persona que no está en contra de los bestsellers, al contrario, he leído y disfrutado algunos, otros los he leído y no los he disfrutado tanto pero me han hecho pasar el rato, y opino que todo lo que haga leer a la gente es bueno. Pero este libro no vale para nada, ni para calzar una mesa porque es demasiado gordo y le sobra paja por todos lados (no pun intended). Me parece malo como él solo y, además, puede meter malas ideas en cabecitas poco cocidas. No es por el tema del bondage ni por el tema del machismo. Hay novelas eróticas con pasajes mucho más brutales, y otras en las que el machismo es atroz. ¿Por qué considero entonces que puede dar malas ideas? Porque muchas niñas/adolescentes/no tan adolescentes se están enamorando de un hombre controlador, machista, obsesivo y que apresa a la protagonista de una forma increíble. Están idealizando una relación que no es para nada sana, y que, si empieza así, probablemente acabe en maltrato y no en "vivieron felices, comieron perdices, follaron mucho y tuvieron muchos hijos, y además forraditos de dinero que el tío es muchimillonario". Como decía, hay literatura erótica más salvaje y machismo más escandaloso, pero las niñas (o los niños) no lo idealizan ni lo toman como algo normal. He sacado varios fragmentos del libro en los que hay motivos claros por los que yo misma huiría de una relación, os dejo un par. Perdonad la calidad de las imágenes pero las saco con el móvil mientras voy en el tren y está complicado; aún así, quería ponerlas tal cual para que veáis que no retoco ni una palabra.



Cada vez que Anastasia (la protagonista) habla con un hombre o alguno se acerca a ella, Christian Grey ya está ojo avizor para ponerle mala cara y que ella se aleje de cualquiera que sea el hombre y se vaya con él como un cachorrito con el rabo entre las piernas. Está muy bien esa actitud, sí, señora E.L. James, bonito ejemplo da usted de las relaciones, porque claro, invitar a un hombre a desayunar es castrarlo, y porque si una chica está en un bar con sus amigos, de fiesta y un poco borrachina y le da por llamar al chico que le gusta, este inmediatamente debe rastrear su móvil cual psicópata acosador e ir a recogerla al instante, no vaya a ser (esto sucede tal cual).

También da un precioso ejemplo de cómo ser una materialista estupenda. Al comienzo del libro Anastasia habla de su gran amigo José, un chico de su edad, guapo, simpático y demás, y al que ella misma se refiere como "mi alma gemela". Pero le quiere sólo como amigo. En cuanto aparece Grey se vuelve loca por él, cuando no tienen nada en común. A mí lo natural me parece enamorarme de alguien con quien comparto aficiones, puntos de vista, filosofías de la vida... pero bueno, seré yo la rara. 


Y qué decir sobre ella. En fin, es tonta hasta decir basta y es un personaje plano y caricaturesco de lo simple que es. Con sus "uau", "dios mío", "me ruborizo" (que si no se ruboriza lo menos 100 veces no se ruboriza ninguna, yo creo que tiene un problema físico) y sus 200.000 preguntas absurdas... Parece un muñeco con una cuerda a la espalda y que suelta sólo tres o cuatro frases una y otra vez. ¡Ah! Una cosa que me ha dolido en la profesión: llama incunables a unos libros impresos en 1891.




Esta chica no tiene ninguna coherencia. ¿Qué clase de persona cuando piensa habla y recibe opiniones de otras dos personas que habitan su mente? Yo diría que eso se llama esquizofrenia, pero vale. Cada vez que leía lo de "mi diosa interior" me daban ganas de tirar el libro por la ventana.


Y sobre el sexo también crea unas expectativas muy poco realistas, pero como cualquier clase de porno. Especial mención para el momento en el que por primera vez mantienen relaciones (ella es virgen hasta ese momento, claro) y con sólo tocarle y chuparle los pezones unos segundos ella tiene un orgasmo cuando no había tenido ninguno en su vida porque además de virgen tampoco se había masturbado nunca (cof, cof). Bravo, bravísimo. Para todas las/os niñas/niños/adolescentes/no tan adolescentes que se han creído algo de lo se describe en el libro, os dejo este vídeo con datos reales sobre el sexo. 



Ahora me preparo para recibir abucheos de las fanses y fansas, que igual hiero algún sentimiento. Abro el paraguas y voy a buscar algo decente para leer. Besitos.

lunes, 26 de enero de 2015

Dos años

O el tiempo es muy engañoso o mi cabeza está defectuosa y lo mide mal. Dos años se me hacen a la vez muchísimo tiempo y a la vez nada. Dos años son los que hace que por fin nos dijimos "te quiero" y pasamos a ser algo más serio. Dos años llenos de risas, charlas, viajes y algún que otro llanto. Quizá sea poco tiempo, pero por todo lo que nos ha pasado en él, dos años me parecen un mundo. Puedo pensar en muchísimos lugares en los que he estado contigo, muchísimos momentos tiernos, dulces, tranquilos, graciosos... Y desde el año pasado por fin estamos compartiendo nuestras vidas como lo hace un matrimonio cuando por fin se casa y pueden vivir juntos, aunque sin el bodorrio ni los anillos ni nada así, pero al fin y al cabo compartiendo lo más importante.

Desde que te conozco, hace alrededor de dos años y medio, no voy a decir que todo haya sido de cuento de hadas. Ha habido malos entendidos, deseos diferentes que chocaban entre sí, se han herido sentimientos... Pero al final conseguimos sincronizarnos, y hemos pasado a ser mucho más. Hemos construido nuestra relación sobre una base de honestidad y amor el uno por el otro, con cimientos sólidos que nos han ayudado y nos ayudarán a soportar lo que nos venga. Hemos sufrido la distancia y hemos logrado superarla. Ahora puede parecer poco, pero para mí fue una batalla. No sabemos lo que nos traerá la vida, pero a tu lado me prepararé para cualquier cosa: si es buena compartiré mi alegría; si es mala, nos apoyaremos el uno al otro.

Has traído a mi vida el mar, la frescura, la risa continua, la comodidad, la seguridad, la ternura y mil sentimientos más que me hacen despertarme con una sonrisa, porque tu compensas las asperezas de la vida. Te quiero, Toni. Hazte a la idea de que te quedan aún muchos más años por aguantarme. Dos años no son nada comparados con lo que nos queda.



viernes, 7 de noviembre de 2014

Para todos esos que nos desprecian

Mi blog no suele ser reinvindicativo, suelo utilizarlo para escribir un poco lo que me pasa por la cabeza, sin más, pero hoy quiero lanzar un mensaje a todos esos hombres que desprecian a las mujeres (incluso a mujeres que desprecian a las mujeres, que es más lamentable aún, pero existen). Hace mucho que tenía que haber escrito algo así, porque no es ni la primera ni la última vez que me llaman feminazi por indignarme con un chiste machista. Tampoco es la primera ni la última vez que oigo a un hombre esgrimir el argumento de "es que vosotras no pagáis en las discotecas". No sabéis hasta que punto estáis equivocados. Es que no tenéis ni idea.

Antes de nada hago una aclaración: ni desprecio a los hombres, ni digo que todos sean iguales. No tengo traumas de ningún tipo relacionados con el sexo masculino. Vivo con mi novio, al que adoro. Tengo roles masculinos en mi familia como mi padre y mi hermano a los que quiero mucho y que, aunque alguna vez hayan caído en un comentario machista de los menos ofensivos se lo perdono porque lo tenemos tan interiorizado que no nos damos ni cuenta de lo que decimos a veces. Tengo muchos amigos con los que me llevo genial, y puedo bromear con ellos. Incluso alguna vez me puedo reír de un chiste machista, pero siempre con una persona que conozco y sé que no es machista, simplemente es una broma como puede ser una broma de humor de otro tipo; y si a mí me apetece reírme de ello, porque no tengo que estar de buen humor siempre aunque algunos crean que es así. Tampoco tengo envidia de los hombres, ni tengo envidia de pene ni ninguna chorrada de esas. Soy una mujer, me siento como una mujer, y me gusta ser mujer.

Aclarado todo esto quiero decir varias cosas, y me dirijo específicamente a hombres que muestran algún grado de misoginia, no a todos los hombres en general:

No sabéis lo que es ser mujer. Os reís de cualquier cosa y decís que es "sólo un chiste" o que "no tiene importancia" y que "es que no tienes nada de humor, ríete un poco" o que "¿qué te han hecho a ti los hombres? Pobrecita". La discriminación muchas veces es muy sutil, está tan arraigada en nuestro cerebro que no nos damos ni cuenta, y a veces la utilizamos nosotras mismas. No me refiero a esa gente que pone alumnxs o alumn@s. Eso me parece una gilipollez. El lenguaje es como es, a mí no me ofende que el plural se haga en masculino ¿y? Las mujeres tenemos problemas mucho más graves, eso es estúpido y preocuparse por eso o por si el oso del oso y el madroño es macho o hembra son gilipolleces. Cuando hay mujeres siendo asesinadas por sus parejas o exparejas todo eso me parecen idioteces, perdonadme si os parezco radical. Tampoco apoyo que ninguna mujer asesine a su novio/exnovio/marido/exmarido/vecinodelquinto, que parece que a veces dices lo de la violencia machista y ya salta alguno con esas, y me parece igual de reprochable para ambos asesinos, sean hombre o mujer. Entonces ¿por qué se oye más lo de los asesinatos de las mujeres? Porque son más, y punto, no porque seamos unas quejicas. En un mundo ideal nadie mataría a nadie, pero resulta que en este mundo hay un puñado de desgraciados que deciden que esa mujer les pertenece y creen que pueden hacer con ella lo que quieran. Pues no, y tenemos que luchar contra eso. Ahora me dirá alguno que "es que hay muchas mujeres que denuncian en falso y se aprovechan de los hombres". Bueno, si alguno quiere hacer un Toni Cantó haya él, pero que sepáis que se equivocó y tuvo que rectificar. Como en todos los sitios, siempre hay algún listillo que se aprovecha, y también hay mujeres sin escrúpulos que se aprovechan, pero por suerte son las menos (13 denuncias falsas de un total de 135.540 denuncias en 2009, un 0,0096% del total), y las leyes de violencia de género ayudan a proteger a mujeres que de otra manera serían atacadas o incluso asesinadas. Y no se trata sólo de asesinatos, también es otro tipo de violencia, como las violaciones o las agresiones, la que sufrimos las mujeres. En esta noticia hablan sobre que el 33% de las mujeres de la UE ha sufrido algún tipo de violencia machista alguna vez en su vida. Una de cada tres mujeres en Europa, una de cada cinco en España, ya no hablo de otros países como los islámicos.


Una de cada cinco mujeres que te cruces por la calle alguna vez han sido violadas, tocadas en contra de su voluntad, agredidas, insultadas o cualquier otra barbaridad sólo por el hecho de ser mujer. Quizá tu madre, tu hermana, tu tía, tu prima o tu mejor amiga han sufrido algo así, pero muchas veces estamos asustadas o avergonzadas como para reconocerlo, así que alguno todavía tiene el valor de decir que ya no hay machismo. Luego vamos al mundo laboral y nos encontramos muchísimas formas de ser discriminadas también, como se puede leer en esta otra noticia. Ganamos menos, nos contratan menos, nos hacen preguntas en las entrevistas de trabajo que son ilegales (como si planeamos tener hijos, o si tenemos novio o estamos casadas)... Bueno, parece que la entrada gratis a la discoteca no nos compensa ¿eh? Yo os lo cambio, podéis entrar a la discoteca gratis, pero nosotras ganamos más. ¿O no? Yo creo que lo mejor es que todos ganemos lo mismo y que el que quiera ir a la discoteca que se pague su entrada. ESO es el feminismo: igualdad entre hombres y mujeres.


Resulta que son las mujeres las que han tenido que luchar para que sus derechos se equiparen con los hombres, pues se llama feminismo. Ya está, no es para tanto, es como lo del plural en masculino ¿y? Aceptadlo; y lavaos la boca, que de tanto usar la palabra feminazi luego os va a picar.

Cuando tengáis que aguantar todo esto, solo por algo que no podéis controlar, porque habéis nacido así, entonces recriminadnos que no nos riamos con todos vuestros chistes y frases machistas. Yo decido si me río o si me lo tomo como lo que es, un desprecio hacia mí y hacia todas las mujeres.

No necesito que me digáis que estoy amargada, ni que soy una feminazi, ni nada por el estilo. Porque no lo soy, y tengo derecho a reivindicar mi igualdad y que no se me desprecie ni nadie se ría de mí por el hecho de ser mujer. Yo quiero a los hombres, y tengo derecho a que se me quiera igual, a mí y a todas las mujeres. Somos vuestras madres, somos vuestras hermanas, amigas, familiares... No tenéis por qué tratarnos así.


Y lo siento, pero los que os reís de nosotras, los que nos tratáis mal, no sois hombres de verdad, sois unos cretinos con complejo de superioridad y probablemente malas personas en general, no solo en el trato hacia la mujer. 

Por suerte, alguno está a tiempo de abrir los ojos y cambiar su actitud, aunque sé que serán los menos, y si con este ladrillazo que acabo de soltar sólo uno abre un poquito su mente, yo me doy por satisfecha.