sábado, 14 de septiembre de 2013

Puedo vivir sin ti, pero no quiero

Cada segundo lejos de ti es eterno, es una espina, un metal retorcido clavándose en la piel. Líbrame de todo eso, haz que deje de sufrir. Ven aquí conmigo, déjame tenerte a mi lado todo el tiempo, girarme y verte, poder tocar tu piel en cualquier momento que se me antoje.


Ya no tendremos una fecha de caducidad cada vez que nos vemos, ya no habrá que intentar explotar al máximo cada segundo porque los tenemos contados, podremos disfrutar tranquilamente, con la paz de saber que no tenemos que separarnos en 10 días. Ya no habrá lágrimas y despedidas eternas. Vamos avanzando, cada vez mejor, con planes de futuro, con una meta, con un objetivo, con millones de ganas, con decisión, convencidos, deseosos.

Esforcémonos por ello, por conseguir ese futuro juntos, que no nos puede dar nadie más que nosotros. Decoremos nuestra casa, pintemos nuestras paredes, cocinemos nuestros platos. Coloca mis adornos donde más te guste, porque será tu casa, nuestra, de los dos, porque la haremos nosotros. No importa el piso donde estemos, será nuestro hogar, donde estemos tú y yo, al fin juntos. Donde imperarán nuestras reglas y viviremos a nuestro modo, sin importar lo que digan los demás. Haremos nuestra comodidad.

Quiero todo lo que viene contigo. Tus besos, tus caricias, tus risas, las arruguitas de tus ojos al reír, tus manías, tus tonterías, las caritas de antes de apagar la luz. Quiero todo. Te quiero a ti. Te quiero.




miércoles, 17 de julio de 2013

Normalmente suelo reflexionar bastante lo que escribo y cómo lo escribo, lo que quiero transmitir y cómo hacerlo. Hoy no, hoy solamente quiero desahogarme, me da igual que sean las cinco y pico de la mañana, me da igual que mañana lo releea y me avergüence, porque esto está dentro de mí, y que mañana la luz del sol me haga sentir más a la vista de todos, más expuesta, menos libre como las horas de la noche, no importa, porque esto seguirá dentro. Hoy no hay título, hoy no hay etiquetas, hoy no hay imagen, hoy siento la necesidad imperiosa de sacarlo. Todo el mundo contando sus miserias, en la tele, en las redes sociales, en los bares... cada uno donde le da la gana, y yo callándome porque no quiero parecer débil, no quiero mostrar esa parte de mí, pero es inevitable que cada uno tenga un punto de ruptura. Por muy sólido que parezcas, tienes una brecha, una pequeña brecha escondida en alguna parte, y donde, si te golpean, te rompen entero.

¿Por qué nos identificamos con personajes de libros o películas?¿Tan especiales nos creemos como para que cuenten historias sobre nosotros, o es que cada uno ve lo que quiere?¿De verdad una película cuenta tu vida punto por punto o simplemente necesitas ver un final feliz y te crees que es así para que se acabe desarrollando igual?

A veces creo que es bueno soñar; a veces creo que sólo sirve para caer desde más alto. Ni yo misma me entiendo, ¿cómo me van a entender los demás? Ni sé qué quiero con seguridad. Sólo tengo clara una cosa que quiero y que no tengo. Y no sé si podré tener, ni cuando. En pleno verano y hoy temblando de frío.

Sé que hay cosas que no quiero. No quiero que me escondas, no quiero que nadie sepa de mí, no quiero ser un secreto. Pero tampoco se puede hablar, porque ni nosotros sabemos ¿o sí sabemos?¿Negamos las cosas, las aparcamos, dejamos el problema para después?¿Es bueno dejar que las cosas se desarrollen solas o es cobarde? Qué hacer... nunca hay una respuesta correcta.

No más sueños, Ana, tienes que dormir.

viernes, 28 de junio de 2013

Agradecimientos

Hace mucho tiempo que no escribo nada en el blog, y son ya muchas veces las que he tenido que pedir esta disculpa, pero la vida sigue y hay momentos en que o no hay nada que escribir o no hay tiempo para hacerlo, pero no abandono este proyecto, lo único que sucede es que viene con cuentagotas.

Para los que no lo sepan, llevo desde enero trabajando en mi trabajo de fin de grado, lo último que me queda por hacer para graduarme. Hoy he escrito los agradecimientos y creo que debo ponerlos aquí, porque hay mucha gente a la que le estoy agradecida y que no va a leer mi trabajo. Aquí los tenéis.

La realización de este trabajo no supone únicamente una asignatura más de la carrera, sino la culminación de cuatro años de esfuerzo y el final de una etapa. A lo largo de estos años he aprendido mucho y vivido muchos momentos importantes, que me han ayudado a formarme profesional y personalmente. Por ello, quiero agradecer a varias personas las aportaciones que han hecho esta experiencia más bonita.
En primer lugar, al personal de la biblioteca María Moliner, tanto becarios como funcionarios, donde hice las prácticas y aprendí mucho de la profesión, por ser tan amables y ofrecerse a ayudarme en lo que necesitara para realizar la investigación de este trabajo, además de por lo llevadero que me hicieron el trabajar allí y los buenos momentos que compartimos.
En segundo lugar, a todos los profesores que se han esforzado realmente por conseguir que aprenda, pero no sólo en la universidad, sino en todas mis etapas como alumna. Un buen profesor siempre es una motivación para los alumnos, y te hace amar su asignatura aunque al principio creas que ni te interesa. Esos profesores merecen de verdad un homenaje, y no sólo en estos agradecimientos. 
En tercer lugar, a los amigos que he hecho en clase, por compartir tanto los momentos difíciles como los buenos, por sufrir juntos las dificultades del estudio y por disfrutar todos los momentos de risas y compañerismo, pero especialmente a mi buena amiga Vega, con la que congenié desde el primer día y que me ha apoyado en todo momento, incluso en los peores. A mis amigos de siempre, que también me han apoyado mucho y han creído en mí sin importar las decisiones que tomara. También a una persona muy especial que me ha apoyado y animado todos los días a seguir adelante, y que me ha ayudado a avanzar en aquellos momentos que se volvían cuesta arriba.  
Y, por último, a mi familia, que siempre ha confiado sin reservas en mi capacidad, incluso en momentos en los que yo misma dudaba. Gracias por darme la vida que me habéis dado, no cambiaría nada.

martes, 2 de abril de 2013

Fragmentos (IX)


Con una camisa de él, sólo unos botones abrochados, asomada al balcón, allí estaba una mañana de domingo, fumando un cigarrillo al calor de las primeras horas de sol. Apoyada en la fría baranda mientras él seguía dormido, el vello de su cuerpo se erizaba por el viento, que rozaba su piel fluyendo entre los barrotes de hierro fundido. Notaba como la expresión de su cara era triste, con los labios fruncidos, la frente arrugada en gesto afectado, pero mientras él no la viera se permitía esa licencia. Sabía de sobra que él no la quería, o, mejor dicho, sí la quería, pero no de la forma en la que ella le quería a él. Era obvio que sentía aprecio por ella, pero no se entregaba. También sabía que no podía seguir así, conocía esa espiral en la que cada vez perdía más el control y por la que caía sin freno, sin ningún asidero al que agarrarse, cada vez más rápido. Estaba muy a gusto en su compañía pero no había equilibrio entre ellos dos. 

En esos momentos recordaba perfectamente una conversación que habían tenido unas semanas atrás. Ella le preguntó que por qué no podían ser una pareja normal, y la respuesta la dejó helada:
-Mira, te lo voy a explicar con un ejemplo. Es como si a ti te dan un cachorrito muy mono, adorable, al que quieres acariciar y que te gusta mucho, pero al que no quieres llevarte a casa.
Ese gélido recuerdo estaba muy dentro de ella, en un rincón, bien protegido. Sabía que él no quería nada malo para ella, pero, aunque no lo hiciera con mala intención, a veces sus palabras pinchaban en hueso. 

La mañana, que había nacido soleada, empezaba a emborronarse. El cielo se convertía en una gran masa gris, indefinida. Mirando el brillo del sol a través de las nubes, se tocó el cuello, allí donde él la besaba en momentos de pasión. Entre las sábanas afloraba la gran química que había entre ellos, perdidos entre sudor y jadeos. Ese tiempo era como si no existieran las obligaciones, ni la vida cotidiana, ni las preocupaciones. Eran sólo ellos, sin mirar el reloj, enredados el uno en el otro. No tenían necesidad nada más que de sentirse. En ocasiones, ella gemía quedamente un "sí, mi amor"; era como una tregua, en la cama podía llamarle así, sin que él la mirase extrañado o se sintiese incómodo, pues se dejaba llevar, sin pensar, sin juzgar, sin etiquetar. Ella hacía el amor. Él follaba. Sí, había cariño, pero eran cosas distintas.

Ella lo sabía, todo ello lo conocía de sobra, pero eso no hacía que fuese más llevadero. A veces se preguntaba si era comprensiva con los deseos de él, o si simplemente era una cobarde por no imponerse y pedir lo que quería. Otras pensaba de manera directa que era tonta y se odiaba a sí misma. Otras, aceptaba la realidad en la que vivía, disfrutaba de cada momento y se dejaba de comeduras de cabeza. Había días en los que se maldecía por ser mujer y darle tantas vueltas a las cosas; estaba convencida de que él no pensaba tanto, y parecía feliz así. Quizá era una maldición del género femenino el estar siempre atormentada por los sentimientos, propios o ajenos.


Él dormía tranquilo en la cama. Se volvió para observarle. Tenía una expresión de calma en el rostro, casi de felicidad. Probablemente estaba soñando algo agradable. Mientras le veía así, sólo quería hacer algo por él. Cuidarle, mimarle, darle besos, darle caprichos.  Pensó en hacer café, sabía que pronto se despertaría y tener café recién hecho le agradaría. Además, le gustaba el sabor que dejaba en su boca. Miró de nuevo hacia la calle, donde cada vez había más nubes. Ya empezaban a verse transeúntes caminando con parsimonia en su día libre. Envidiaba sus rutinas: sacar al perro, ir a por el periódico, comprar churros para la familia. Mientras pensaba en todo ello, comenzó a chispear. Una gota cayó en su mejilla. La recogió con el dedo y se la llevó a los labios. Sabía a sal.


jueves, 14 de febrero de 2013

Libros

Casi siempre que voy en metro suelo llevar algo para leer, pero hoy se me ha olvidado. En ocasiones, mientras me dedico al placer de la lectura, mi mente decide fantasear sobre otras cosas, por frases o palabras que leo y me recuerdan alguna vivencia, conversación o cualquier otro suceso, real o ficticio. Para los demás viajeros, yo sigo enfrascada en la lectura, pero ya no estoy con ellos en el subterráneo. En cambio, hoy se me ha olvidado llevar algo para leer. He intentado fantasear para entretenerme durante el trayecto, pero no sabía donde mirar, y, si cerraba los ojos, tampoco funcionaba. Parece que los libros con su sola presencia, inspiran a mi mente. Me gusta pensar que tienen una esencia que me lleva a otros lugares, que el solo hecho de tener palabras delante de los ojos ya despierta mi imaginación. Los libros tienen un alma imperceptible, pero, cuando no están, se nota.


domingo, 3 de febrero de 2013

Carta

Cuando comencé este blog, me dije que escribiría en él cualquier cosa que se me pasara por la cabeza y me apeteciera, simplemente por el hecho de escribir. He intentado hacer pequeños ejercicios literarios, también he hecho alguna reseña de libros o espectáculos, e incluso tengo varias reflexiones personales. Hoy voy a escribir otra cosa, algo que no había hecho aún en el blog, y es una carta a una persona.

Hoy te escribo porque creo que mereces tener un lugar especial aquí, al igual que lo tienes en mi mente. No llega a un año el tiempo del que nos conocemos, y ya eres muy importante en mi vida. Nuestra historia no es corriente; hemos vivido muchos momentos de película o de novela, cosas que creíamos que no sucedían en la realidad, pero resulta que todo es posible, hasta lo más improbable.

Las condiciones en las que empezó todo no fueron buenas, y hemos pasado momentos malos. Por suerte, nos hemos apoyado el uno al otro, y hemos seguido hacia delante, con una sonrisa en la cara la mayoría del tiempo. Desde el principio, empezamos a conectar, y pude ver más allá de lo que otros veían. La gente empezó a decir cosas de ti, pero yo sabía que eso no era cierto, pues no se molestaron en conocerte antes de juzgarte. Ahora me juzgan a mí también, pero eso ya no me importa, he decidido que tengo cosas más importantes de las que ocuparme en la vida, como de mi propia felicidad, y que alguien que no se ha tomado la molestia de llegar a conocerme se atreva a juzgarme me parece de alma pobre.

Poco a poco, empezamos a acostumbrarnos a tenernos el uno al otro, a hablar en todo momento, contarnos todo, jugar juntos, reírnos sin parar... Así entramos el uno en la vida del otro, despacito, tímidamente, avanzando a pequeños pasos, quizá con un poco de miedo, pero aquí hemos llegado. Después de muchos amaneceres, infinitas horas hablando, besos, abrazos, caricias, risas y momentos especiales, por fin, hemos conseguido librarnos de un peso que llevábamos los dos encima. Aunque esta liberación se produjo por una persona impertinente y que nos hizo pasar un mal rato, lo cierto es que como dice el refrán "no hay mal que por bien no venga", y me alegro de que pasase para que por fin nos atreviéramos a hablarnos sin tapujos.

Ya la primera semana que pasamos juntos me dijiste que escribiera nuestra historia, que lo merecía, que era especial. No sé si en un futuro la llegaré a escribir o no, pero lo que sí sé, es que siempre va a estar escrita en nosotros, y que sigue desarrollándose cada día. No sé qué nos deparará el futuro, si nuestros caminos se separarán o caminaremos juntos, pero siempre voy a tener preciosos recuerdos de todo lo que hemos vivido, y espero que continuemos creando anécdotas que contar y recuerdos que vivir.

Gracias por todo lo que me has dado, por los momentos que hemos vivido, por tu preocupación por que yo sea feliz y tus esfuerzos por conseguirlo. Gracias por abrirte a mí y dejarme conocerte y disfrutar de tu compañía. Gracias por hacerme reír tanto y por todos los buenos recuerdos que hemos creado y que seguiremos viviendo. Gracias por estar en mi vida.

Te quiero.



domingo, 20 de enero de 2013

Fragmentos (VIII)

En ciertas ocasiones, una misma sensación puede ser provocada tanto por algo agradable como por algo desagradable. Besos en el cuello, caricias en la espalda. Recuerdos cristalinos. Querer decir sí, pero decir no; querer decir no, pero decir sí; querer decir algo y no decir nada en absoluto. Un rayo helado atraviesa el pecho, eriza la piel, y deja un rastro agridulce de decepción ya anticipada. Escalofríos que se transforman en calor; escalofríos que te paralizan. Hielo en las entrañas que se esparce por todas las ramificaciones del sistema circulatorio, llegando apenas perceptible a la superficie. Ese frío que al principio duele, pero que acaba reconfortando. Todo el vello erizado, esperando más, ansiando el porvenir.



miércoles, 9 de enero de 2013

Sorpresas

Es impresionante la capacidad de las personas de sorprender. Cuando crees que conoces a alguien a fondo, resulta que cambia total y radicalmente su forma de actuar, de dirigirse a ti, de tratarte. Entonces te empiezas a cuestionar qué es lo real. En qué momento lo que viste fue real y lo que ves ahora es falso, o al revés. Toda la seguridad que antes tenías desaparece, y tu confianza también, pero no en esta o aquella persona, sino tu confianza sobre el mundo de las relaciones humanas. Y yo que creía que me gustaban las sorpresas.

Estamos tarados. Todos. Todas y cada una de las personas tenemos taras psicológicas, más grandes o más pequeñas, pero las tenemos. Eso no quiere decir que estemos locos, es algo natural, nadie se salva de este destino, y el que diga que no es que no se conoce a sí mismo. La locura llega en el momento de manejar esas taras. Si no sabemos controlarlas, ellas nos controlarán a nosotros. Una persona puede tener baja autoestima, es una tara, pero mientras no pase de ahí no hay problema. En cambio, una persona con mayores desórdenes mentales, convierte esa autoestima en un trastorno de la alimentación, o en agresividad hacia los demás o vaya usted a saber en qué. Eso sí es un problema.

Incluso aquello que creemos bonito, como el amor, puede convertir una tara en una locura aberrante. Cuando a través del amor alguien se asfixia, porque no sabe vivir sin él, porque el miedo a estar solo es superior a lo que puede manejar, hace muchas tonterías que califica de actos románticos, pero sólo son actos enfermizos. He visto el deterioro con mis propios ojos, he visto esa transformación dolorosa, y es atroz. Y el hecho de verlo, saber lo que pasa, y no poder hacer nada para ayudar a esa persona es muy frustrante.

Cada vez más, se va afianzando en mi ser la convicción de que dependemos única y exclusivamente de nosotros mismos. Cuanto antes aprendamos esta lección, menos nos dolerá. No quiero pasar por que mis defectos me dominen y se conviertan en mis fantasmas. No quiero ir buscando a alguien que complemente lo que me falta porque yo no supe controlarlo y necesito una muleta en la que apoyarme.

Siempre he amado las navidades, porque en mi familia siempre hemos sido felices, pero este año estaba ausente, como si las navidades estuviesen pasando a mi lado, pero al otro lado de la pared, lejos de mi alcance; yo las sentía, pero lejos. No he salido a comprar regalos, no he puesto villancicos, cuando me he reunido con la familia no se sentía igual. No he hecho propósitos de año nuevo. Total, ¿para qué? Si luego no los cumplo. Aunque sí me he dado cuenta de que tengo una resolución, que no tiene que ver con estas falsas ilusiones de cambiar el rumbo de tu vida por tres deseos que hagas tomándote las uvas. Quiero ser yo misma, sola, poderosa, capaz. No quiero depender de nadie para poder disfrutar de mi vida. Creo que estoy creciendo como persona. Voy a identificar mis taras y las voy a intentar corregir y controlar lo máximo posible. 

Igual estoy equivocada, pero creo que si cada persona se centrara más en mejorarse a sí mismo en lugar de criticar a los demás por sus fallos, todos viviríamos más felices. Siempre habrá víboras emocionales esperando a atacar cualquier punto débil, pero lo importante es que no los tengamos, o, si los tenemos, que estén bien ocultos y sean inalcanzables para los demás.

No siempre ayudo a todo el mundo. Soy una persona que prefiere concentrar sus energías en pocas personas pero ayudar bien, que intentar ayudar a mucha gente de manera que deje que desear. Pero ayudo, y estoy un poco cansada de que la mayoría de mis esfuerzos se vayan por la borda, ya que la gente suele no apreciar lo que se hace por ellos, como me han demostrado ya en múltiples ocasiones. Y cuanto más te vuelcas en alguien, menos lo aprecia. He decidido ayudarme a mí misma, he decidido ser mi prioridad, y, después, vendrá la ayuda a la gente que se lo merezca y lo valore. Pero me he hartado de tirar mis fuerzas en saco roto. Y que me digan egoísta si quieren, me da igual.

A partir de ahora camino por mi ruta, por la que yo elija en cada momento, no por la que me obliguen a seguir. No tengo que demostrarle nada a nadie, sólo a mí misma. Empiezo con la cabeza alta y la conciencia tranquila. Estos meses de dolor se han acabado.


Que cada uno se ocupe de su propia felicidad.