viernes, 7 de noviembre de 2014

Para todos esos que nos desprecian

Mi blog no suele ser reinvindicativo, suelo utilizarlo para escribir un poco lo que me pasa por la cabeza, sin más, pero hoy quiero lanzar un mensaje a todos esos hombres que desprecian a las mujeres (incluso a mujeres que desprecian a las mujeres, que es más lamentable aún, pero existen). Hace mucho que tenía que haber escrito algo así, porque no es ni la primera ni la última vez que me llaman feminazi por indignarme con un chiste machista. Tampoco es la primera ni la última vez que oigo a un hombre esgrimir el argumento de "es que vosotras no pagáis en las discotecas". No sabéis hasta que punto estáis equivocados. Es que no tenéis ni idea.

Antes de nada hago una aclaración: ni desprecio a los hombres, ni digo que todos sean iguales. No tengo traumas de ningún tipo relacionados con el sexo masculino. Vivo con mi novio, al que adoro. Tengo roles masculinos en mi familia como mi padre y mi hermano a los que quiero mucho y que, aunque alguna vez hayan caído en un comentario machista de los menos ofensivos se lo perdono porque lo tenemos tan interiorizado que no nos damos ni cuenta de lo que decimos a veces. Tengo muchos amigos con los que me llevo genial, y puedo bromear con ellos. Incluso alguna vez me puedo reír de un chiste machista, pero siempre con una persona que conozco y sé que no es machista, simplemente es una broma como puede ser una broma de humor de otro tipo; y si a mí me apetece reírme de ello, porque no tengo que estar de buen humor siempre aunque algunos crean que es así. Tampoco tengo envidia de los hombres, ni tengo envidia de pene ni ninguna chorrada de esas. Soy una mujer, me siento como una mujer, y me gusta ser mujer.

Aclarado todo esto quiero decir varias cosas, y me dirijo específicamente a hombres que muestran algún grado de misoginia, no a todos los hombres en general:

No sabéis lo que es ser mujer. Os reís de cualquier cosa y decís que es "sólo un chiste" o que "no tiene importancia" y que "es que no tienes nada de humor, ríete un poco" o que "¿qué te han hecho a ti los hombres? Pobrecita". La discriminación muchas veces es muy sutil, está tan arraigada en nuestro cerebro que no nos damos ni cuenta, y a veces la utilizamos nosotras mismas. No me refiero a esa gente que pone alumnxs o alumn@s. Eso me parece una gilipollez. El lenguaje es como es, a mí no me ofende que el plural se haga en masculino ¿y? Las mujeres tenemos problemas mucho más graves, eso es estúpido y preocuparse por eso o por si el oso del oso y el madroño es macho o hembra son gilipolleces. Cuando hay mujeres siendo asesinadas por sus parejas o exparejas todo eso me parecen idioteces, perdonadme si os parezco radical. Tampoco apoyo que ninguna mujer asesine a su novio/exnovio/marido/exmarido/vecinodelquinto, que parece que a veces dices lo de la violencia machista y ya salta alguno con esas, y me parece igual de reprochable para ambos asesinos, sean hombre o mujer. Entonces ¿por qué se oye más lo de los asesinatos de las mujeres? Porque son más, y punto, no porque seamos unas quejicas. En un mundo ideal nadie mataría a nadie, pero resulta que en este mundo hay un puñado de desgraciados que deciden que esa mujer les pertenece y creen que pueden hacer con ella lo que quieran. Pues no, y tenemos que luchar contra eso. Ahora me dirá alguno que "es que hay muchas mujeres que denuncian en falso y se aprovechan de los hombres". Bueno, si alguno quiere hacer un Toni Cantó haya él, pero que sepáis que se equivocó y tuvo que rectificar. Como en todos los sitios, siempre hay algún listillo que se aprovecha, y también hay mujeres sin escrúpulos que se aprovechan, pero por suerte son las menos (13 denuncias falsas de un total de 135.540 denuncias en 2009, un 0,0096% del total), y las leyes de violencia de género ayudan a proteger a mujeres que de otra manera serían atacadas o incluso asesinadas. Y no se trata sólo de asesinatos, también es otro tipo de violencia, como las violaciones o las agresiones, la que sufrimos las mujeres. En esta noticia hablan sobre que el 33% de las mujeres de la UE ha sufrido algún tipo de violencia machista alguna vez en su vida. Una de cada tres mujeres en Europa, una de cada cinco en España, ya no hablo de otros países como los islámicos.


Una de cada cinco mujeres que te cruces por la calle alguna vez han sido violadas, tocadas en contra de su voluntad, agredidas, insultadas o cualquier otra barbaridad sólo por el hecho de ser mujer. Quizá tu madre, tu hermana, tu tía, tu prima o tu mejor amiga han sufrido algo así, pero muchas veces estamos asustadas o avergonzadas como para reconocerlo, así que alguno todavía tiene el valor de decir que ya no hay machismo. Luego vamos al mundo laboral y nos encontramos muchísimas formas de ser discriminadas también, como se puede leer en esta otra noticia. Ganamos menos, nos contratan menos, nos hacen preguntas en las entrevistas de trabajo que son ilegales (como si planeamos tener hijos, o si tenemos novio o estamos casadas)... Bueno, parece que la entrada gratis a la discoteca no nos compensa ¿eh? Yo os lo cambio, podéis entrar a la discoteca gratis, pero nosotras ganamos más. ¿O no? Yo creo que lo mejor es que todos ganemos lo mismo y que el que quiera ir a la discoteca que se pague su entrada. ESO es el feminismo: igualdad entre hombres y mujeres.


Resulta que son las mujeres las que han tenido que luchar para que sus derechos se equiparen con los hombres, pues se llama feminismo. Ya está, no es para tanto, es como lo del plural en masculino ¿y? Aceptadlo; y lavaos la boca, que de tanto usar la palabra feminazi luego os va a picar.

Cuando tengáis que aguantar todo esto, solo por algo que no podéis controlar, porque habéis nacido así, entonces recriminadnos que no nos riamos con todos vuestros chistes y frases machistas. Yo decido si me río o si me lo tomo como lo que es, un desprecio hacia mí y hacia todas las mujeres.

No necesito que me digáis que estoy amargada, ni que soy una feminazi, ni nada por el estilo. Porque no lo soy, y tengo derecho a reivindicar mi igualdad y que no se me desprecie ni nadie se ría de mí por el hecho de ser mujer. Yo quiero a los hombres, y tengo derecho a que se me quiera igual, a mí y a todas las mujeres. Somos vuestras madres, somos vuestras hermanas, amigas, familiares... No tenéis por qué tratarnos así.


Y lo siento, pero los que os reís de nosotras, los que nos tratáis mal, no sois hombres de verdad, sois unos cretinos con complejo de superioridad y probablemente malas personas en general, no solo en el trato hacia la mujer. 

Por suerte, alguno está a tiempo de abrir los ojos y cambiar su actitud, aunque sé que serán los menos, y si con este ladrillazo que acabo de soltar sólo uno abre un poquito su mente, yo me doy por satisfecha.



lunes, 22 de septiembre de 2014

Fotografías

Me encanta la fotografía, cuando me voy de viaje siempre hago cientos de fotos, aunque sólo me vaya por unos días. Desde que existen las cámaras digitales y no es necesario gastarse el dinero para hacer más y más fotos no paro de hacer pruebas, buscar diferentes ángulos, diferentes luces y colores, cualquier detalle que el resto del mundo pueda pasar por alto. Tengo miles de instantáneas clasificadas en carpetas y me gusta volver a verlas de vez en cuando. Aún así, hay ciertas imágenes que nunca pude captar con una cámara, imágenes mucho más valiosas y extrañas, pues si otra persona pudiese haberlas visto congeladas en un papel no las habría comprendido. Tengo exactamente setecientas quince fotografías y vídeos de un viaje muy especial que hice a Valencia en enero de este año; algunas fotos son nítidas, bien encuadradas, con buena exposición y otras no tan buenas; unas con más significado y otras con menos. Hay vídeos graciosos y otros tiernos. Me encanta ver todo, revivir todo, pero no hay imágenes más vivas que las que retengo en mi memoria, como esos momentos en los que podíamos ver y contar las estrellas tumbados en la cama, abrazados, simplemente mirando el cielo sobre aquellas sábanas suaves y blancas. Esas estrellas que parecían por momentos bailar para nosotros y envolvernos con su silencio, pero que aún así nos contaban historias de amor.


lunes, 21 de julio de 2014

El gran paso

Cuando era pequeña imaginaba que con 25 años ya tendría trabajo y casa, estaría casada, tendría uno o dos hijos y toda mi vida resuelta. Cuando era pequeña pensaba que 25 años eran muchísimos, y habría tenido tiempo de hacer todo. Tengo 27, y apenas acabo de dar un paso, pero el paso más grande que he dado en mi vida, y aún me queda mucho camino que recorrer.

Hace una semana se cumplió lo que mi novio y yo estábamos deseando: irnos a vivir juntos. Hemos conseguido algo muy grande en estos momentos de crisis económica, en los que conseguir trabajo es toda una proeza. Ambos estamos trabajando, y nos da suficiente como para poder alquilar un piso, cubrir todos nuestros gastos y que aún nos sobre algo para ahorrar y para algún que otro caprichito. Hemos tenido una suerte inmensa en la búsqueda de piso y hemos encontrado una casa (que poco a poco estamos transformando en hogar) perfecta para nosotros. Nuestros respectivos padres han sido generosísimos y nos han comprado muchísimas cosas que necesitaríamos para la casa y nos han ayudado a mudarnos de la manera más cómoda posible. También contamos con su apoyo al completo.

Aún nos queda mucho por hacer. Colocar todo lo que nos hemos llevado al piso, acostumbrarnos a las tareas del hogar (sobre todo pensar qué cocinar cada día), acostumbrarnos al barrio, acostumbrarnos a la vida en pareja... Es un cambio inmenso y que da un poco de vértigo, pero estoy muy feliz de poder dar este paso junto a él.

Me siento muy afortunada de tener una familia como la mía, que me ha apoyado tanto con esta decisión, aunque me produce tristeza el marcharme de mi casa de toda la vida, y dejar a mis padres solos, ya que mi hermano se marchó de casa hace tiempo también. Con "suerte" no volveré a casa de mis padres nunca, ya que eso significaría que algo en la vida me ha ido mal. Ahora, aunque viva con mi novio, soy independiente, si me surge un problema tengo que resolverlo como buenamente pueda. Esa realidad acaba de plantarse ante mí y me asusta un poco, pero es que estoy saliendo de mi zona de confort y los cambios suelen dar miedo. Tengo que ser valiente y no dejarme amilanar. Ya no voy de la mano de mis padres, sino de la de mi novio, pero nuestras familias estarán cerca siempre. Los álbumes de fotos familiares van a cambiar, ahora hay personas nuevas en cada familia (él en la mía y yo en la suya), y es hora de crear nuevos recuerdos pero no para sustituir a los anteriores, sino para complementarlos y que nos hagan crecer como personas.

Ahora sólo queda empezar a caminar.



lunes, 19 de mayo de 2014

Fragmentos (X)

Clima continental, frío de una mañana de primavera que todavía duda entre el invierno y el verano. De camino allá donde haya que ir, pensando ya en la hora de salida de aquellas obligaciones y el momento de tener tiempo para uno mismo. Viajes en transporte público, donde nadie cruza miradas, donde una palabra dirigida al que va solo resuena con un eco extraño. Hay muchos ojos enrojecidos, no se sabe si por el sueño o por las ganas de llorar. Quizá uno por lo primero, otro por lo segundo, y un tercero por una conjuntivitis. Demasiados ojos rojos, pero ninguno me dirige una mirada.

A la salida del metro, sentada en las escaleras, hay una señora pidiendo dinero. Está envuelta en una túnica estampada de un color marrón muy sucio. Apenas sí se le ven los ojos, pero no importa porque nadie los mira. Es muy gorda, y envuelta en esa mortaja marrón parece una gran mierda. Puede que sea así como se siente al pedir dinero y se haya mimetizado con sus sentimientos. Quizá sea sólo una casualidad. Pero da lo mismo, porque absolutamente nadie le dirige una mirada o una palabra.

Sólo yo la miro y no puedo ver nada en ella, sus ojos no expresan ni un ápice de sus sentimientos, ni siquiera miran a los cientos de personas que se cruzan a escasos centímetros de ella, y de los que espera se apiaden de ella y le den algunos de los céntimos que tanto les cuesta ganar, arrastrándose como muertos vivientes todos los días hasta su lugar de trabajo. Ni siquiera tiene un cartel donde explique por qué está pidiendo una limosna.

Puede que tenga algún tipo de problema que le impida trabajar, puede que tenga siete hijos a los que alimentar, o un padre inválido, o sea una viuda, o una maltratada, o esté en paro, o sea una señora que no tiene ganas de hacer nada y se sienta allí esperando a que los demás la mantengan. No se sabe, cada viandante tiene total libertad para imaginarse la historía que quiera sobre la buena (o no) mujer. Y si esa historia le conmueve, puede ayudarla, o no.

Quizá no sea el primer pedigüeño que se encuentra y decida sólo apiadarse del primero. Porque la piedad tiene un límite, que suele coincidir con las ganas que tenga uno de echar la mano a la cartera. O, por lo menos, eso es lo que parece en las grandes ciudades. Puede que estemos ya insensibilizados, o puede que tengamos los ojos demasiado rojos como para percatarnos de las penurias de los demás.

domingo, 18 de mayo de 2014

La vida. Tan poco pasa y tantas cosas a la vez. Apenas escribo, parece que no hago nada (o que no tengo nada sobre qué escribir) pero a la vez me siento en un momento crucial. La gente que me quiere dar consejo me dice que no tienes nada resuelto hasta que todo pasa de golpe y te encuentras con la vida delante, esperándote. Estoy esperando ese momento, pero quizá está pasándome ahora mismo y puede que no me dé cuenta hasta dentro de un tiempo. Quién sabe.

Lo único que sé es que estoy redescubriendo el amor. Siempre he sido una persona romántica y soñadora, idealizando el amor, sufriéndolo mientras leía romances en libros o los veía en películas, donde, por norma general, se resolvía bien y los protagonistas vivían felices y comían perdices. Pero en ningún lado dicen cómo amar. Hablan de gestos románticos, de absurdos ideales del amor que no expresan la realidad.

Puedes llegar a darte cuenta de que una pareja no te ama a ti, sino que ama el hecho de no encontrarse solo. Que hace por ti esos gestos románticos de libros y películas, que parece un príncipe azul a ratos, pero que se olvida de que la vida junto a otra persona necesita más que eso. Que está contigo porque te cruzaste con él en un momento de su vida en que cuadró, pero que si llega a ser otra lo mismo daría, porque tendría el mismo amor falso para cualquiera. Si dice "te quiero" a la primera de cambio sospecha. Eso ya lo aprendí yo, a las malas pero lo aprendí y ya no se me olvida. Tonta y soñadora de mí, ahora un poquito menos tonta y un poquito más realista.

Eso me pasó a mí, pero no sabía lo que falló hasta que llegó otro amor. No otro amor cualquiera. Un amor real. Llegó lentamente, a paso de tortuga, despacio pero constante. La primera impresión fue increíble, y el primer paso muy rápido, algo loco, intenso, irreal y agridulce. Después de eso hubo una pausa, que parecía interminable, agonizante, casi como una tortura. Pero durante esa pausa, que no era tal en realidad, todo estaba en marcha aunque no lo pareciera. Resulta que no tiene que ser un flechazo; poco a poco se puede llegar a conocer a una persona y darte a conocer. No es necesario recorrer todo el camino de golpe; el amor no es un sprint, es una maratón. Y resulta que es mucho mejor así. Ya vendrán los te quieros cuando tengan que venir, y los gestos románticos no tienen que ser un pasar la noche bajo su ventana, vale con un "estoy deseando que llegue la noche para poder dormir abrazado a ti". No se trata de palabras, ni gestos especiales. No hay un manual de lo que decir o hacer para ser el perfecto amante. Se trata de algo mucho más sencillo y claro; se trata de sentir de verdad, de hacer y decir las cosas desde el corazón, como se sienten, y no adornándolas. Así cobran sentido de verdad. No me digas lo que quiero oír, dime lo que sientes y si es lo que cuadra conmigo entonces bien; si no lo es, quizá no seamos el uno para el otro, pero está bien, porque es mejor saberlo ya que alargar la agonía. Parece mentira que haya que decir estas cosas, pero todavía hay gente que no sabe que el amor se basa en la confianza y en la sinceridad.

Lo mejor de todo es que esto lo he descubierto con una persona que desde que la conozco dice no creer en el amor. Creo que ahora ha cambiado de parecer, pero no me hagáis mucho caso, que es tarde.

viernes, 25 de abril de 2014

- ¿Cuántas veces crees que nos habremos besado en todo este tiempo?
- No las suficientes.