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sábado, 8 de febrero de 2020

Hazlo

Llevo dos meses viviendo sola. Esta experiencia es nueva para mí. Al principio pensaba que me iba a costar muchísimo, que iba a sentir un miedo constante, que todo iba a cambiar. Pero resulta que sigo en la casa en la que llevo viviendo casi seis años, cómoda, con mis gatitas haciéndome compañía y recibiéndome en tropel en cuanto entro por la puerta y nada ha cambiado. Tenía mucho miedo de tomar la decisión que tomé, pero aun así, la tomé. Y estos meses he vivido otros miedos, a niveles más superficiales y más profundos. He sentido ansiedad, angustia, desesperación, por diferentes situaciones, por diferentes personas. Pero pasa un día, te vas a dormir, y tienes el siguiente delante de ti, esperando que lo afrontes como un lienzo en blanco.


Vale, sí, hay una ausencia, una compañía de otro tipo que ya no está. Hay cosas que echo de menos, como tener a alguien a quien abrazar en el momento en que lo necesitase. Pero resulta que, aun en los momentos en los que siento que necesito un abrazo, aunque no me lo de nadie, tampoco me muero. Y la vida sigue, el momento pasa, y no pasa nada. Y todo eso que echo de menos lo iré superando poco a poco, porque estoy buscando la manera de proveerme lo que necesito por mi cuenta. Esta soledad me ha hecho pensar mucho más, comunicarme mucho más conmigo misma, porque ahora analizo esos momentos en los que recurría a otra persona para desahogarme, consolarme o simplemente no sentirme sola. Ahora, en esos momentos se produce un conflicto en mí, un conflicto entre el hábito de refugiarme en alguien y mi nueva realidad, que me empuja a analizar, a profundizar en esas costumbres y necesidades que me creé alrededor de otro. Me doy cuenta de que tomé por necesidades lo que son deseos, comportamientos agradables, que me daban una recompensa emocional, pero que no son una necesidad de vida o muerte. 

Estoy trabajando en mí, tratando de diferenciar lo que quiero y lo que necesito, lo que me gustaría encontrar en mí y en los demás, lo que estoy dispuesta a dar y lo que quiero recibir. En mi vida. No mezclar deseos y desesperaciones, no confundir palabras bienintencionadas con ataques, ni que me las confundan, no buscar en los demás lo que me falta a mí, ser más amable, conmigo y con los demás, no juzgar ni que me juzguen a la ligera, dar a la gente el beneficio de la duda. Qué fácil es encontrar una falsa intimidad, qué difícil que alguien se abra de verdad. Pero la primera que se tiene que abrir soy yo, conmigo misma. Cuántas veces me he machacado, me he hundido con palabras que no le dirigiría ni a mi peor enemigo. Tengo que abrirme y sacar eso, tener más compasión por mí y por los demás. Mirarme a un espejo y mirarme como miro a una amiga. Mi compañía es la que voy a tener siempre, la quiera o no. Y es la que más vale.


No sé lo que vendrá, pero sí sé que, aunque yo no sea ni vaya a ser perfecta nunca, estoy aprendiendo de mí, y estoy buscando mejorar y valorarme más. Estoy mirando dentro y viendo lo que quiero cambiar, para poder ser consciente de mis errores y cambiarlos, pero también lo que ya me gusta y quiero conservar. Me gusta mi forma de ser, me gusta sentir todo, me gusta abrirme a la gente, me gusta haber conseguido ser positiva y, aunque tenga mis momentos de bajona, esperar las cosas buenas que SÉ que están por venir. Sea lo que sea, venga cuando venga. Aquí estoy, esperando a la vida, caminando mi camino.


Ay, amiga, siempre a la busca del sueño, la vida perfecta. Pero eso no existe. Nadie es perfecto. Siempre hay problemas, más o menos graves. Y no pasa nada, porque la vida es así, y si fuera perfecta nos acabaríamos aburriendo, no tendría ningún interés. Tenemos que seguir adelante, saltar por encima de esos obstáculos que nos pone la vida en el camino, y, cuando llegamos a una colina verde, fresca, llena de flores y árboles, parar un rato y disfrutar de esa carrera con una pausa, una respiración profunda, para coger fuerzas y continuar por el sendero que tenga que venir, que trae oscuridad pero también mucha luz.



viernes, 28 de octubre de 2016

Carta a mi primer amor



Hace un par de años me apunté a una especie de cadena de favores y fuiste una de las personas que quería recibir un favor. Las condiciones eran que no sabías cuándo ni cómo, yo tenía que hacer algo por ti, una sorpresa de algún modo (un detallito, una visita, una carta…). Dado que estás a miles de kilómetros de aquí, esta carta es mi regalo para ti.

Han pasado muchos años desde la última vez que te vi, y he pasado por muchas experiencias en la vida desde entonces, pero quería darte las gracias, porque creo que gracias a que la relación que tuvimos fue sana, no he tenido problemas para relacionarme con otras personas que vinieron después de ti.

Esto puede parecer una tontería, pero, desde que estoy metida en el movimiento feminista, me estoy dando cuenta de todo lo que condiciona nuestras vidas y nuestras relaciones. Está claro que una relación adolescente tiene muchos fallos y que según vamos creciendo vemos las cosas con más claridad, pero, dentro de lo que cabe, nuestra relación fue buena. Aún con los impedimentos que tuvimos que sufrir, conseguimos llevar una relación de un año y pico (si me hubieras preguntado por aquel entonces sabría decirte hasta los días, pero 14 años después no me acuerdo de tanto) de una manera respetuosa y con cariño. Junto a ti, viví hitos muy importantes en la vida amorosa de una persona (el primer amor, el primer beso, la primera vez…), y, después de todo este tiempo, si me dijeran que describiera esos momentos con una palabra diría “dulce”, porque las cartas, las llamadas, el tiempo que pasamos juntos… todo lo que vivimos lo recuerdo así. Está claro que el tiempo suaviza los recuerdos, pero sé que no tuvimos grandes discusiones, sé que no hubo comportamientos tóxicos, y sé que todo lo que hicimos fue consensuado y sin que nadie forzara a nadie a nada. Incluso la ruptura fue pacífica, porque sabíamos que no podíamos soportar más esa situación, esos kilómetros.

Después de ti, han pasado otros hombres por mi vida, pero de las otras relaciones aprendí más cosas que no quería para mí de las que sí quería. Restaron. Con la relación que tuvimos aprendí cosas que sí quería en mi vida. Sumaste. Ahora tengo la suerte de estar en una relación que suma, y todas las experiencias que viví me han hecho ser una persona que también suma para la otra parte (o eso creo). Supongo que todas las personas pasan por relaciones que suman y que restan, pero yo tuve la suerte de que mi primera relación fuese positiva. Una primera relación configura mucho la vida amorosa de una persona, y en eso es en lo que tengo que darte las gracias. Porque me trataste bien. Sí, aunque suene a tontería de nuevo, aunque parezca de sentido común que tenemos que tratar bien a los otros seres vivos que nos rodean, no todo el mundo hace eso. En otras relaciones me he sentido minusvalorada, engañada, frustrada… Cuando se suponía que para mis parejas en ese momento yo era una de las personas más importantes de su vida y, por lo tanto, era de esperar, era de sentido común, que me trataran bien y no siempre fue así. Tampoco estoy diciendo que todo sea blanco o negro, bueno o malo. Está claro que si estuve con esas personas era porque me aportaban algo en ese momento, pero el conjunto fue negativo. Y nuestra relación, en cambio, fue buena.

Aunque sé que estás lejísimos y que apenas hemos hablado en estos 14 años desde que nuestra relación se acabó, sé que eres una persona con la que puedo hablar sin problema si nos apetece, y sé que si un día nuestros caminos se cruzan en ese raro trayecto Bilbao-China-Madrid, podremos sentarnos juntos a tomar un café, ponernos al día y contarnos nuestras aventuras.

Además, mis padres me enseñaron que es de bien nacidos ser agradecidos. Así pues...

Muchas gracias, Íñigo.

Con cariño,

Ana


P.d.: Aún tengo guardadas todas tus cartas, atadas con un lazo rojo, como buena romántica que soy, ja, ja, ja.

jueves, 15 de octubre de 2015

"El mejor reglamento, que el usuario esté contento"

Empezar un nuevo trabajo me hace repasar mi trayectoria laboral. Recuerdo desde mi primer trabajo como camarera, algo temporal para ganarme un dinerillo y pagar mis caprichos, hasta mi trabajo actual, ahora en el Senado. También influye que el trayecto en transporte público me da mucho tiempo para pensar; aunque vaya leyendo algún libro, muchas veces mis pensamientos van por donde quieren.

Hoy me he acordado de una experiencia que tuve trabajando en el mostrador de atención al usuario en la biblioteca de la universidad. En aquella época trabajaba por las tardes, de 5 a 9, hasta que cerraba la biblioteca. Una tarde tranquila de invierno, bastante oscura ya, vino un señor de alrededor de 50 años, aunque puede que fuera más o puede que fuera menos, nunca he sido muy buena adivinando la edad de las personas. No era el típico usuario de la biblioteca, no parecía un profesor ni tampoco un alumno, aunque hay gran variedad y yo misma he ido a clase con gente de mediana edad, pero no me dio la sensación de ser lo uno ni lo otro. Se acercó un poco tímido hacia mí, que le saludé como a todo el que se me acercaba, para abrir diálogo y ver qué necesitaba. Empezó a darme explicaciones, parecía que justificándose, diciendo que a ver si podía hacerle un favor, que él no sabía utilizar su móvil bien y necesitaba mandar un mensaje. Yo, por un momento, me quedé un poco extrañada y sin saber muy bien qué hacer, ya que no estábamos allí para ese tipo de consultas, pero enseguida me recompuse, aparté mi lado de trabajadora y como tampoco estábamos muy ocupados en el mostrador, le ayudé como si me lo hubiera pedido una persona cualquiera en la calle. El mensaje que quería que le escribiese, que fui transcribiendo según él me iba dictando, era de carácter serio, incluso con un tono de enfado, dirigido a su padre. En esos momentos me sentí incómoda, pues era como si no estuviera respetando la intimidad de una conversación importante y dolorosa entre dos personas. Por otro lado, también sentí pena, se me hizo muy extraño ver a un adulto desvalido, primero por no tener una destreza que hoy en día es bastante básica, y segundo por tener un problema con su padre casi como si fuera un adolescente. Me dieron ganas de apartarme de él para darle su intimidad, pero también de darle un abrazo. No sé muy bien por qué me hizo sentir tanto, quizá estaba en un día particularmente sensible, pero así fue.

Cuando terminé de escribirle el mensaje y enviarlo, le devolví el móvil y él me dio las gracias varias veces. Se marchó y yo me quedé con una sensación de desazón en el cuerpo. Aunque no había mucho trabajo tenía cosas que hacer, así que me marché del mostrador al depósito de fondo especializado a colocar los ejemplares que habían devuelto a lo largo de la tarde. Estuve un rato allí, disfrutando de la paz y el silencio que suele haber mientras hacía mi trabajo e intentaba quitarme de la cabeza el mensaje que me había dictado el hombre.

Siempre me encantó bajar al depósito. Es una sala rectangular enorme, con cientos de estanterías colocadas como fichas de dominó. Al principio de trabajar allí me perdía entre las estanterías buscando un número de la CDU para colocar el ejemplar que correspondiera, y daba más vueltas que una veleta, pero conforme avanzaron las semanas empecé a tener un conocimiento espacial bastante preciso, y sabía por qué número empezaban y acababan los pasillos, así que enseguida me situaba. Disfrutaba muchísimo cuando algún usuario despistado y abrumado por la cantidad de números y auxiliares, estanterías y pasillos no era capaz de encontrar el manual que buscaba y me preguntaba. Al momento, me giraba en la dirección correcta y echaba a andar como un autómata, directa al número que buscaba mientras el estudiante (o, en menos ocasiones, el profesor) me seguía y se quedaba maravillado de que encontrara el libro que quería a la primera. Sentía como si fuese la guardiana de los libros, como si estos fuesen parte de mí; conocía el depósito como la palma de mi mano, y me encantaba ayudar a las ovejitas descarriadas. Y el silencio, ese silencio que no hay en ningún sitio más. En ese depósito no había mesas de estudiantes, estas estaban en otras salas, así que lo único que se oían eran pasos cuando había alguien buscando algo, sino ni eso. Nunca olvidaré ese silencio y no dejaré de querer volver a él.

Cuando terminé de colocar todo lo que llevaba en el carrito regresé al mostrador principal. Al llegar, uno de los funcionarios me dio un bollo en su bolsita de plástico, de los que vendían en la máquina expendedora de la entrada. Resulta que el señor del móvil, al salir se sentía tan agradecido que compró el bollo y regresó para dármelo por haberle ayudado, pero como no estaba lo dejó allí para mí. Se me cayó el alma a los pies. No tenía por qué hacer eso, no era necesario, yo sólo quería ayudarle.



lunes, 22 de septiembre de 2014

Fotografías

Me encanta la fotografía, cuando me voy de viaje siempre hago cientos de fotos, aunque sólo me vaya por unos días. Desde que existen las cámaras digitales y no es necesario gastarse el dinero para hacer más y más fotos no paro de hacer pruebas, buscar diferentes ángulos, diferentes luces y colores, cualquier detalle que el resto del mundo pueda pasar por alto. Tengo miles de instantáneas clasificadas en carpetas y me gusta volver a verlas de vez en cuando. Aún así, hay ciertas imágenes que nunca pude captar con una cámara, imágenes mucho más valiosas y extrañas, pues si otra persona pudiese haberlas visto congeladas en un papel no las habría comprendido. Tengo exactamente setecientas quince fotografías y vídeos de un viaje muy especial que hice a Valencia en enero de este año; algunas fotos son nítidas, bien encuadradas, con buena exposición y otras no tan buenas; unas con más significado y otras con menos. Hay vídeos graciosos y otros tiernos. Me encanta ver todo, revivir todo, pero no hay imágenes más vivas que las que retengo en mi memoria, como esos momentos en los que podíamos ver y contar las estrellas tumbados en la cama, abrazados, simplemente mirando el cielo sobre aquellas sábanas suaves y blancas. Esas estrellas que parecían por momentos bailar para nosotros y envolvernos con su silencio, pero que aún así nos contaban historias de amor.


lunes, 21 de julio de 2014

El gran paso

Cuando era pequeña imaginaba que con 25 años ya tendría trabajo y casa, estaría casada, tendría uno o dos hijos y toda mi vida resuelta. Cuando era pequeña pensaba que 25 años eran muchísimos, y habría tenido tiempo de hacer todo. Tengo 27, y apenas acabo de dar un paso, pero el paso más grande que he dado en mi vida, y aún me queda mucho camino que recorrer.

Hace una semana se cumplió lo que mi novio y yo estábamos deseando: irnos a vivir juntos. Hemos conseguido algo muy grande en estos momentos de crisis económica, en los que conseguir trabajo es toda una proeza. Ambos estamos trabajando, y nos da suficiente como para poder alquilar un piso, cubrir todos nuestros gastos y que aún nos sobre algo para ahorrar y para algún que otro caprichito. Hemos tenido una suerte inmensa en la búsqueda de piso y hemos encontrado una casa (que poco a poco estamos transformando en hogar) perfecta para nosotros. Nuestros respectivos padres han sido generosísimos y nos han comprado muchísimas cosas que necesitaríamos para la casa y nos han ayudado a mudarnos de la manera más cómoda posible. También contamos con su apoyo al completo.

Aún nos queda mucho por hacer. Colocar todo lo que nos hemos llevado al piso, acostumbrarnos a las tareas del hogar (sobre todo pensar qué cocinar cada día), acostumbrarnos al barrio, acostumbrarnos a la vida en pareja... Es un cambio inmenso y que da un poco de vértigo, pero estoy muy feliz de poder dar este paso junto a él.

Me siento muy afortunada de tener una familia como la mía, que me ha apoyado tanto con esta decisión, aunque me produce tristeza el marcharme de mi casa de toda la vida, y dejar a mis padres solos, ya que mi hermano se marchó de casa hace tiempo también. Con "suerte" no volveré a casa de mis padres nunca, ya que eso significaría que algo en la vida me ha ido mal. Ahora, aunque viva con mi novio, soy independiente, si me surge un problema tengo que resolverlo como buenamente pueda. Esa realidad acaba de plantarse ante mí y me asusta un poco, pero es que estoy saliendo de mi zona de confort y los cambios suelen dar miedo. Tengo que ser valiente y no dejarme amilanar. Ya no voy de la mano de mis padres, sino de la de mi novio, pero nuestras familias estarán cerca siempre. Los álbumes de fotos familiares van a cambiar, ahora hay personas nuevas en cada familia (él en la mía y yo en la suya), y es hora de crear nuevos recuerdos pero no para sustituir a los anteriores, sino para complementarlos y que nos hagan crecer como personas.

Ahora sólo queda empezar a caminar.



domingo, 18 de mayo de 2014

La vida. Tan poco pasa y tantas cosas a la vez. Apenas escribo, parece que no hago nada (o que no tengo nada sobre qué escribir) pero a la vez me siento en un momento crucial. La gente que me quiere dar consejo me dice que no tienes nada resuelto hasta que todo pasa de golpe y te encuentras con la vida delante, esperándote. Estoy esperando ese momento, pero quizá está pasándome ahora mismo y puede que no me dé cuenta hasta dentro de un tiempo. Quién sabe.

Lo único que sé es que estoy redescubriendo el amor. Siempre he sido una persona romántica y soñadora, idealizando el amor, sufriéndolo mientras leía romances en libros o los veía en películas, donde, por norma general, se resolvía bien y los protagonistas vivían felices y comían perdices. Pero en ningún lado dicen cómo amar. Hablan de gestos románticos, de absurdos ideales del amor que no expresan la realidad.

Puedes llegar a darte cuenta de que una pareja no te ama a ti, sino que ama el hecho de no encontrarse solo. Que hace por ti esos gestos románticos de libros y películas, que parece un príncipe azul a ratos, pero que se olvida de que la vida junto a otra persona necesita más que eso. Que está contigo porque te cruzaste con él en un momento de su vida en que cuadró, pero que si llega a ser otra lo mismo daría, porque tendría el mismo amor falso para cualquiera. Si dice "te quiero" a la primera de cambio sospecha. Eso ya lo aprendí yo, a las malas pero lo aprendí y ya no se me olvida. Tonta y soñadora de mí, ahora un poquito menos tonta y un poquito más realista.

Eso me pasó a mí, pero no sabía lo que falló hasta que llegó otro amor. No otro amor cualquiera. Un amor real. Llegó lentamente, a paso de tortuga, despacio pero constante. La primera impresión fue increíble, y el primer paso muy rápido, algo loco, intenso, irreal y agridulce. Después de eso hubo una pausa, que parecía interminable, agonizante, casi como una tortura. Pero durante esa pausa, que no era tal en realidad, todo estaba en marcha aunque no lo pareciera. Resulta que no tiene que ser un flechazo; poco a poco se puede llegar a conocer a una persona y darte a conocer. No es necesario recorrer todo el camino de golpe; el amor no es un sprint, es una maratón. Y resulta que es mucho mejor así. Ya vendrán los te quieros cuando tengan que venir, y los gestos románticos no tienen que ser un pasar la noche bajo su ventana, vale con un "estoy deseando que llegue la noche para poder dormir abrazado a ti". No se trata de palabras, ni gestos especiales. No hay un manual de lo que decir o hacer para ser el perfecto amante. Se trata de algo mucho más sencillo y claro; se trata de sentir de verdad, de hacer y decir las cosas desde el corazón, como se sienten, y no adornándolas. Así cobran sentido de verdad. No me digas lo que quiero oír, dime lo que sientes y si es lo que cuadra conmigo entonces bien; si no lo es, quizá no seamos el uno para el otro, pero está bien, porque es mejor saberlo ya que alargar la agonía. Parece mentira que haya que decir estas cosas, pero todavía hay gente que no sabe que el amor se basa en la confianza y en la sinceridad.

Lo mejor de todo es que esto lo he descubierto con una persona que desde que la conozco dice no creer en el amor. Creo que ahora ha cambiado de parecer, pero no me hagáis mucho caso, que es tarde.

jueves, 14 de febrero de 2013

Libros

Casi siempre que voy en metro suelo llevar algo para leer, pero hoy se me ha olvidado. En ocasiones, mientras me dedico al placer de la lectura, mi mente decide fantasear sobre otras cosas, por frases o palabras que leo y me recuerdan alguna vivencia, conversación o cualquier otro suceso, real o ficticio. Para los demás viajeros, yo sigo enfrascada en la lectura, pero ya no estoy con ellos en el subterráneo. En cambio, hoy se me ha olvidado llevar algo para leer. He intentado fantasear para entretenerme durante el trayecto, pero no sabía donde mirar, y, si cerraba los ojos, tampoco funcionaba. Parece que los libros con su sola presencia, inspiran a mi mente. Me gusta pensar que tienen una esencia que me lleva a otros lugares, que el solo hecho de tener palabras delante de los ojos ya despierta mi imaginación. Los libros tienen un alma imperceptible, pero, cuando no están, se nota.


miércoles, 9 de enero de 2013

Sorpresas

Es impresionante la capacidad de las personas de sorprender. Cuando crees que conoces a alguien a fondo, resulta que cambia total y radicalmente su forma de actuar, de dirigirse a ti, de tratarte. Entonces te empiezas a cuestionar qué es lo real. En qué momento lo que viste fue real y lo que ves ahora es falso, o al revés. Toda la seguridad que antes tenías desaparece, y tu confianza también, pero no en esta o aquella persona, sino tu confianza sobre el mundo de las relaciones humanas. Y yo que creía que me gustaban las sorpresas.

Estamos tarados. Todos. Todas y cada una de las personas tenemos taras psicológicas, más grandes o más pequeñas, pero las tenemos. Eso no quiere decir que estemos locos, es algo natural, nadie se salva de este destino, y el que diga que no es que no se conoce a sí mismo. La locura llega en el momento de manejar esas taras. Si no sabemos controlarlas, ellas nos controlarán a nosotros. Una persona puede tener baja autoestima, es una tara, pero mientras no pase de ahí no hay problema. En cambio, una persona con mayores desórdenes mentales, convierte esa autoestima en un trastorno de la alimentación, o en agresividad hacia los demás o vaya usted a saber en qué. Eso sí es un problema.

Incluso aquello que creemos bonito, como el amor, puede convertir una tara en una locura aberrante. Cuando a través del amor alguien se asfixia, porque no sabe vivir sin él, porque el miedo a estar solo es superior a lo que puede manejar, hace muchas tonterías que califica de actos románticos, pero sólo son actos enfermizos. He visto el deterioro con mis propios ojos, he visto esa transformación dolorosa, y es atroz. Y el hecho de verlo, saber lo que pasa, y no poder hacer nada para ayudar a esa persona es muy frustrante.

Cada vez más, se va afianzando en mi ser la convicción de que dependemos única y exclusivamente de nosotros mismos. Cuanto antes aprendamos esta lección, menos nos dolerá. No quiero pasar por que mis defectos me dominen y se conviertan en mis fantasmas. No quiero ir buscando a alguien que complemente lo que me falta porque yo no supe controlarlo y necesito una muleta en la que apoyarme.

Siempre he amado las navidades, porque en mi familia siempre hemos sido felices, pero este año estaba ausente, como si las navidades estuviesen pasando a mi lado, pero al otro lado de la pared, lejos de mi alcance; yo las sentía, pero lejos. No he salido a comprar regalos, no he puesto villancicos, cuando me he reunido con la familia no se sentía igual. No he hecho propósitos de año nuevo. Total, ¿para qué? Si luego no los cumplo. Aunque sí me he dado cuenta de que tengo una resolución, que no tiene que ver con estas falsas ilusiones de cambiar el rumbo de tu vida por tres deseos que hagas tomándote las uvas. Quiero ser yo misma, sola, poderosa, capaz. No quiero depender de nadie para poder disfrutar de mi vida. Creo que estoy creciendo como persona. Voy a identificar mis taras y las voy a intentar corregir y controlar lo máximo posible. 

Igual estoy equivocada, pero creo que si cada persona se centrara más en mejorarse a sí mismo en lugar de criticar a los demás por sus fallos, todos viviríamos más felices. Siempre habrá víboras emocionales esperando a atacar cualquier punto débil, pero lo importante es que no los tengamos, o, si los tenemos, que estén bien ocultos y sean inalcanzables para los demás.

No siempre ayudo a todo el mundo. Soy una persona que prefiere concentrar sus energías en pocas personas pero ayudar bien, que intentar ayudar a mucha gente de manera que deje que desear. Pero ayudo, y estoy un poco cansada de que la mayoría de mis esfuerzos se vayan por la borda, ya que la gente suele no apreciar lo que se hace por ellos, como me han demostrado ya en múltiples ocasiones. Y cuanto más te vuelcas en alguien, menos lo aprecia. He decidido ayudarme a mí misma, he decidido ser mi prioridad, y, después, vendrá la ayuda a la gente que se lo merezca y lo valore. Pero me he hartado de tirar mis fuerzas en saco roto. Y que me digan egoísta si quieren, me da igual.

A partir de ahora camino por mi ruta, por la que yo elija en cada momento, no por la que me obliguen a seguir. No tengo que demostrarle nada a nadie, sólo a mí misma. Empiezo con la cabeza alta y la conciencia tranquila. Estos meses de dolor se han acabado.


Que cada uno se ocupe de su propia felicidad.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Reflexiones (III)

Como todo aquel que me conozca un poco sabrá, llevo una época bastante agitada. Debido a ello, siento últimamente mucha necesidad de hablar y compartir mis vivencias y sentimientos con mis amigos, pero sobre todo con amigas que están pasando por situaciones complicadas parecidas a la mía. Paso mucho tiempo hablando con ellas, y nos aconsejamos mutuamente, aunque a veces parecerá un poco absurdo, como si dos locos intentaran demostrarse el uno al otro como actuar con cordura. Muchas veces hablamos y nos contamos lo que nos pasa una y otra vez intentando encontrar explicaciones que no van a aparecer por muchas vueltas que les demos, pero parece que, como un mantra que se repite sin cesar, eso nos calma, y el solo hecho de contarlo nos libera un poco de su peso. 

En otras ocasiones, nos damos consejos que sabemos que nosotras mismas no podemos cumplir, aunque deberíamos, por eso los damos a nuestras amigas, para que ellas sean más listas que nosotras, hagan lo que deben hacer y no sufran; pero al final ninguna lo hace. Tenemos algo que nos impide hacer lo que sabemos que deberíamos, es demasiado complicado controlar los sentimientos. Hoy le he dicho esta frase a una de ellas: "Haz lo que te diga tu corazón, porque por mucho que intentes negarlo acabarás haciéndolo; si te sale bien, estupendo, y sino, ya sabes dónde me tienes". Al escribirla, me he dado cuenta de que es lo que todas hacemos; nos decimos que vamos a ser fuertes, a hacer lo que más nos conviene, pero al final cedemos ante los sentimientos, así que mejor no luchar contra ellos. 


Es curioso que el ser humano se define como animal racional. Bien es cierto que pensamos, hablamos, creamos, etc., pero a la hora de sentir... eso es otro cantar. ¿Cómo podemos definirnos como racionales cuando no podemos controlar lo que sentimos? Hay algo dentro de nosotros que nos controla a un nivel primitivo, nuestras hormonas, nuestro miedo, nuestros deseos... no podemos ignorar todo eso por mucho que lo queramos. Podemos fingir que lo controlamos, pero dentro de nosotros, aunque no lo reconozcamos, algo más básico nos puede. Bajo nuestra apariencia dura y autosuficiente hay un pequeño rincón que necesita ser besado y abrazado con cariño; o un pequeño niño que necesita que su madre le diga que todo va a salir bien; o un autoestima que necesita crecer a base de apariencias y reconocimiento falso; o cualquier necesidad o defecto que tengamos, que va más allá de nuestro alcance y, al final, nos acaba dominando.

Lo cierto es que no sé cómo habría llevado todo esto sin el apoyo de la gente que me rodea. Esta entrada se la dedico en especial, aunque no exclusivamente, a mi noria, mi pececillo, mi patito y mi princesa bultos, que me estáis apoyando más que nadie. Gracias a todas por estar ahí, os quiero muchísimo. Os dejo esto que he leído por ahí, aunque no encuentro quién lo escribió:

Un día el Amor y la Amistad se encontraron. Preguntó el Amor "¿Para qué existes si ya existo yo?. Y la Amistad contestó "Para traer una sonrisa cuando tú dejas lágrimas".


martes, 25 de septiembre de 2012

Cuando uno se convierte en su propio personaje

No sé cómo etiquetar esta entrada, si como creación o como vivencias, porque es bastante surrealista lo que me pasa últimamente. De un tiempo a esta parte, mi vida se ha descontrolado de una forma que no me habría creído si me lo hubieran contado hace tres meses. Todo ha pasado tan rápido pero a la vez parece tan lejano... y ahora el tiempo se arrastra con crueldad como una babosa por encima de un montón de sal. Me he adentrado en un sitio en el que a veces parece que estoy fuera de lugar, y a veces parece que estoy en mi salsa. Un lugar que parece hecho para otra persona, pero a la vez tan mío.


Hace tiempo comenté en Facebook, si mal no recuerdo, que tenía un proyecto en mente, de algo más grande que unos pocos párrafos como lo que suelo escribir aquí. Tenía una buena idea, inspirada en algo que había hablado con una persona, pero, al final, esa idea se materializó, y no precisamente en el papel. No pasó de la manera en que yo la imaginé, sobre todo porque las situaciones de los personajes eran distintas, pero pasó, y me convertí en una caricatura de un personaje que ni siquiera había nacido. Y más aún, todo aquello que pasó, da perfectamente para escribir una novela distinta a la que yo había imaginado. Curiosamente hace poco vi Más extraño que la ficción, donde también aparece alguien que es a la vez persona y personaje. Supongo que no me queda más que vivir y esperar a ver qué pasa.


Cuando intenté modelar la pequeña chispa creativa que tuve con aquello, no llegué a idear su final. Veamos qué le depara el futuro a este personaje. 

miércoles, 29 de agosto de 2012

Locura

Durante los últimos días han pasado cosas que no pensé que pasarían, que no me esperaba, y que podría haber soñado como algo de novela o película hollywodiense, pero no creía que sería protagonista de ellas jamás. Y ahora no tengo ni idea de qué va a pasar.


Llevas una vida normal, en la que crees que no te esperan sorpresas, y, de repente, todo tu mundo se pone patas arriba. Tienes unas convicciones, unos valores, y, como si algo saliera de la nada, estos se tambalean, desaparecen y te dejas llevar.

Y empiezas a ver amanecer, y empiezas a bailar, y a reír, sin pensar en las consecuencias.

Besa, ríe, ama, salta, bromea, juega, pelea, grita, canta, abraza, enfádate, llora, mira, enamórate, pierde el control... Levántate y vive.


lunes, 30 de julio de 2012

Argh



ARGH:
1. An exclaimation of annoyance, exasperation, or other negative factor.
2. The sound made by a stereotypical pirate. 

"Argh" es mi palabra del día, y eso que todavía es pronto. Más bien por la primera acepción que por la segunda, aunque me guste mucho el pirata Roberts; o aunque de pequeña me pusieran un parche en un ojo. 

Estoy de vacaciones, pero no, tengo que estar metida en burocracia, y ni siquiera por mí, sino por otra persona. Podría haber mentido y haber pasado del tema, pero no, tengo que hacer lo correcto y complicarme la cabeza. Me siento un poco como Astérix y Obélix con sus "formalidades administrativas".


Perdonad que hoy no esté muy literata, pero a veces escribir sirve como desahogo, y me hacía falta. Por lo menos, viendo el vídeo me he reído un poco de la situación. Y también sirve para recordaros que no me he olvidado del blog, aunque esté un poco desierto últimamente.

jueves, 31 de mayo de 2012

Metallica

He vuelto. Soy al fin libre de los malditos exámenes finales, después de todo un año estudiando y acumulando cansancio... Ya tengo cuatro notas de cinco. Todo notables. No está mal, pero se echa de menos algún sobresaliente. Aún así, para lo que he estudiado, me doy con un canto en los dientes; si los profesores supieran lo que he estudiado de verdad me suspenderían seguro.

Dejando a parte el amargor del estudio forzado (ni que me hubieran estado dando latigazos...), este fin de semana fui al festival Sonisphere y vi seis conciertos en dos días. Todavía me estoy recuperando, los festivales son matadores, pero aún así mereció muchísimo la pena. Vi el viernes a Sonata Arctica, Limp Bizkit y The Offspring, y el sábado a Within Temptation, Slayer y Metallica. La organización fue muy buena. No tenía buen recuerdo de otro festival al que asistí hace unos años, pero esta vez no tengo queja ninguna. El reciento era adecuado, cimentado, lo que es muy importante porque no se levantaban polvaredas de las masas humanas caminando, y no hubo más que un retraso de media hora en un concierto, así que chapó. 

Voy a dejar a un lado a todos los grupos para hablar de Metallica, porque el concierto fue tan grande, que creo que jamás podré ir a cualquier otro mejor. Fue insuperable, o por lo menos para mí. He leído unos cuantos reportajes del concierto y la verdad es que no me convence ninguno. Unos dicen que fue muy planeado y lo critican, otros critican al grupo directamente que no son los mismos de cuando comenzaron... No sé como una buena actuación es mala por estar bien controlada y planificada, eso quiere decir que tanto los músicos como el equipo técnico han hecho un trabajo concienzudo para dar al público algo de calidad, no entiendo cómo eso es criticable. En cuanto a que no son los mismos que cuando empezaron... llevan 30 años en la música, es normal que se adapten y evolucionen, tampoco lo veo como un defecto; aún así, todo lo que tocaron fueron temazos de sus mejores momentos como grupo de thrash metal, así que en mi opinión lo hicieron perfectamente.

En realidad, cuando salieron a tocar no parecía un festival, parecía un concierto únicamente suyo, o, como me dijo Victor más tarde "Ya han llegado los que tenían que tocar, todos los demás eran teloneros". Lo cierto es que puedo estar influenciada porque desde hace tiempo tenía muchas ganas de verlos en directo, y eso, quieras que no, me dio unas ganas y una predisposición espectaculares para disfrutar del concierto. La lista de canciones fue impresionante, con el Black Album completo, de principio a fin (o de fin a principio, ya que tocaron los temas en orden inverso al original), y añadieron canciones tan míticas como Master of Puppets o Seek and Destroy. Se puede consultar la lista de canciones que tocaron aquí

Además, James Hetfield conectó mucho con todo el público, haciéndonos cantar, vibrar y sentir todo lo que él nos transmitía. Se me ponían los pelos de punta con su voz llena y cálida, con unos toques de aspereza que la hacen tan especial. Eso, y que todos los instrumentos estaban cuidadosamente ajustados al sonido del recinto, lo que, aunque no podemos decir que se oyese como un disco de estudio, daba una claridad brutal para ser un directo. Al terminar el concierto, además, repartieron montones de púas al público, lo que se agradece mucho (aunque yo no logré coger ninguna, pues estaba demasiado lejos como para que me llegaran).

Resumiendo, que ha sido el concierto de mi vida, aunque ya he visto otros que me gustaron muchísimo, como los de Rammstein, Muse o Apocalyptica, que los disfruté como una enana también.

Y ahora que estoy con mono de más Metallica, voy a tocar Nothing Else Matters con el piano. En concreto esta versión, aunque con un poco más de velocidad, que este chico, aunque la toca muy bien, va un poco lento.



Para terminar, os dejo unas fotitos de las que sacaron los fotógrafos profesionales que se encontraban allí, ya que las que saqué yo son de mala calidad y no merecen la pena.








Si vuelven a España repito, lo tengo claro.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Paréntesis (...)

Nota a mi yo futura:

Si alguna vez llegas a ser profesora, por favor te lo pido, escribe tus apuntes con frases cortas, claras y directas. Muchos estudiantes te lo agradecerán. Olvídate de frases mastodónticas que ocupan 15 líneas con miles de subordinadas que despistan y sacan continuamente del hilo discursivo. Gracias.

¡Ah! Y lo de contar tu vida en clase divierte mucho a los alumnos, pero no les ayuda a entender la materia, así que limita las anécdotas al mínimo necesario para que tus alumnos crean que eres molona pero no pierdas tiempo valioso.

Imagen sutil donde las haya para demostrar a dónde mando a los que me quieren enseñar así  


Tu yo del pasado 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Largo puente de mayo

A mis pocos y queridos lectores habituales:

Mi puente de mayo se va a alargar más de lo que dura en Madrid, y eso que dura más que en el resto de España. Mi puente probablemente se alargue hasta junio, por algo terrible llamado universidad. Parece ser que algunos profesores han pensado que lo mejor es mandar muchos trabajos para las últimas semanas de clase, para irnos entrenando para los exámenes. Así que es fácil que no escriba nada más hasta que acabe los exámenes, y el último lo tengo el 29 de mayo. Ya he escrito poco en abril, porque ya tenía unos cuantos trabajos que hacer y un poco de estrés, pero a estas alturas el nivel de estrés aumenta mucho, incluso se habla abiertamente de suicidio entre clase y clase. 

Tampoco creo que se vaya a echar mucho en falta este modesto y recién nacido blog, pero aún así quiero avisaros a vosotros y a mí misma, para darme esta excedencia pero luego retomar la escritura, y si puede ser hacer algún progreso y no escribir sólo fragmentos de historias inconexos. Esto no quiere decir que seguro que no vaya a escribir nada en absoluto, sólo quiere decir que probablemente no lo haga. Aún así, igual encuentro un huequito para hacerlo, o igual encuentro un huequito para tocar el piano o para leer o para ver alguno de los 37 capítulos que tengo que ver de las varias series que sigo y que se siguen acumulando, o para jugar a la consola. El caso es que no lo sé. Lo único que sé es que tengo que hacer más cosas de las que me siento capaz, aunque también sé que aunque no me siento capaz de hacerlo todo ahora mismo, al final lo haré. 

Os dejo con estas piezas que me tienen enamorada últimamente, y con las que despejo un poco mi cabeza cuando se aglomeran demasiados pensamientos derrotistas. Muchos adultos (como si yo con 25 añazos no me considerase adulta...) dicen que la vida del estudiante es la mejor que hay, que la disfrute, y probablemente tengan razón, pero tiene momentos atroces, eso es innegable.




Os quiere,

Ana

jueves, 26 de abril de 2012

Puntos de vista

Esta mañana ha pasado algo a la salida del metro mientras esperaba a Victor. Ha llegado una mujer con su hijo de unos 2 o 3 años y se ha montado en la escalera mecánica para bajar hasta la entrada, con tan mala suerte que el niño se ha soltado de su mano y no se ha subido a los escalones, sino que se ha quedado justo en la plataforma metálica de antes. El niño ha empezado a ponerse nervioso porque veía que su madre se iba alejando de él, mientras su madre le decía que se montase que no pasaba nada. La pobre criatura estaba muy asustada y cuando por fin se ha decidido a pisar un escalón se ha apoyado en el cristal lateral, porque con esa altura obviamente no llegaba al pasamanos móvil, y se ha caído porque el cristal está quieto y las escaleras en movimiento. Entonces ha empezado a gatear hacia fuera con un pánico terrible. Yo todo esto lo he visto desde algo lejos, pero un chico que salía y estaba más cerca de la escalera mecánica ha sido rápido y ha cogido al niño para sacar sus manitas del peligro de los escalones metálicos. Después una chica que bajaba ha cogido al nene de la mano y lo ha bajado con él para que llegara hasta su madre.

Ahí se podría haber solucionado el problema, pero resulta que varias personas se han sentido moralmente superiores a la madre y han empezado a increparle por "dejar al niño sólo", porque "hay que verlo para creerlo" o "lo tuyo es muy fuerte". No estoy segura de si es que no han visto lo que ha pasado o es que se sienten con el poder de juzgar a la gente como si fueran santos. No pienso que algo que podríamos llamar accidente se pueda juzgar como una acción mala (ni buena, claro), por lo que no entiendo la moralina de pegarle la bronca a la mujer.

Quizá me sienta un poco más sensible con este tema porque estoy leyendo La saga de Ender, de Orson Scott Card, y el tema de la moral y las primeras impresiones se trata de manera profunda. En el primer libro, El juego de Ender, aparece, apenas al final, la figura de el Portavoz de los Muertos, que se desarrolla mucho más en el segundo, La voz de los muertos. Al principio sólo existe uno, pero con el paso de los años, los portavoces de los muertos pasan a ser una figura seudorreligiosa (que no sectaria), cuya misión es hablar de la gente que ha muerto, en una especie de misa de difuntos donde se explica no sólo la vida de esa persona, sino el porqué de sus acciones. Todo esto se hace con la idea de que hasta la más cruel de las personas tiene un motivo por el que actuó así, lo que hace que no sea cruel a propósito, sino que sucedieron ciertas circunstancias que lo llevaron a eso. No se entiende que se justifiquen las acciones de todas las personas, sino que se las comprenda y ni se santifique ni mortifique su recuerdo.

Os dejo con dos breves citas que marqué que explican bastante bien la filosofía de la cuestión:

"Ningún ser humano es indigno cuando se comprenden sus motivos. Ninguna vida deja de merecer la pena. Incluso el más malvado de entre los hombres, si conoces su intimidad, tiene algún acto generoso que lo redime de sus pecados, aunque sólo sea un poco."

"-Cuando conoces de verdad a alguien, no puedes odiarle
-Tal vez sea que no puedes conocer a nadie de verdad hasta que dejas de odiar"


P.S.: Me acabo de enterar, buscando una foto de Ender para añadir, que hay una película de El juego de Ender en producción, prevista para estrenarse en Estados Unidos en noviembre de 2013. Habrá que verla, puede estar interesante. Además con Harrison Ford, que parece ser que siente debilidad por la ciencia ficción y se apunta a todas.