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miércoles, 15 de junio de 2022

Nido

Me acuesto en la cama, me acomodo de lado entre las sábanas e intento frenar mi monólogo interior. Está todo el día funcionando, de fondo, pero de noche se escucha más. Me concentro en mi respiración, me centro en sentirla en las fosas nasales. Tras tres inspiraciones y dos espiraciones, ahí vuelve de nuevo. No se cansa, no se rinde. Me giro hacia el otro lado y trato de recordar la sensación que tenía cuando dormía en mi habitación de casa de mis padres; me calmo. Tal como estoy, entonces estaría enfrentada a la pared llena de gotelé, con una balda encima, hasta arriba de libros, que se vencía amenazante hacia abajo, aunque nunca llegó a caer. Mi cama ahora es más grande, no tengo paredes a los lados y duermo en el centro, así que tengo mucho más espacio para moverme. Uno podría pensar que en un metro y medio es difícil perderse, pero a veces pasa. En ocasiones me despierto desorientada, aunque haga ocho años que duermo en esta cama. Si sueño con una casa, siempre suele ser la de mis padres, nunca la mía. Sólo recuerdo un sueño aquí, una pesadilla, más bien, en la que alguien desconocido estaba en la entrada de mi apartamento y yo no podía más que chillar que cómo había entrado. Me pregunto si eso cambiará con el tiempo. ¿Es posible que algún día mi lugar seguro cambie en mi mente? Mi piso me gusta, me siento a salvo aquí, pero parece que mi subconsciente no lo acaba de asumir. ¿Es una cuestión de años? Cuando lleve aquí más años de los que pasé allí, ¿mi mente lo aceptará? ¿O el único lugar seguro para mí siempre va a ser el nido en el que crecí, los brazos entre los que crecí? Hoy no cuento nada, sólo cuento con muchas preguntas. Y la incertidumbre.

martes, 9 de febrero de 2021

Cambio de perspectiva

Llevo viviendo sola algo más de un año. Ayer me di cuenta de que ahora paso mucho tiempo en el suelo. No es muy habitual sentarse o tumbarse en el suelo, lo más común es sentarse en una silla, un sofá, un sillón. Tumbarse en la cama. Para eso están ¿no? Recuerdo que, cuando mi hermano y yo éramos pequeños, al hacer esas cosas de crios como era jugar con los muñecos sentados en el suelo, a veces aprovechábamos y nos tumbábamos. Mi padre nos decía "si estáis en el suelo os pueden pisar". Yo lo imaginaba como una regla de la selva, como una advertencia, como si al tumbarnos en el suelo pudiese aparecer cualquiera y tuviera carta blanca para pisarnos a su gusto, sin que pudiera haber represalias, porque éramos nosotros quienes estábamos incumpliendo el protocolo, el acuerdo no escrito de que si estás en el suelo te arriesgas a morir pisoteado. Algún pisotón nos llevamos, en broma, claro.

El caso es que ayer me di cuenta de eso, de que paso tiempo en el suelo. ¿Por qué? Bueno, me levanto, y como no dejo dormir a las gatas conmigo porque no me dejan descansar, cuando salgo están deseando que les haga caso y las acaricie, así que me siento un ratito en el suelo con ellas, para que se suban a mi regazo a amasarme, mientras escucho un resumen de las noticias. También, con todo esto de la pandemia y el confinamiento del año pasado, cuando no se podía salir a la calle, cogí la costumbre de tomar un poco el sol en casa, cuando las nubes lo permiten, así que sé a qué hora pasa el sol por mi cocina, de manera que puedo extender mi esterilla de yoga y tumbarme a hacer la fotosíntesis un ratito. Además, aunque esto lo empecé antes del confinamiento, me tiraba al suelo para hacer parte de mi rutina de ejercicio. O si quiero estirar la espalda, o si quiero apoyar las piernas en la pared para relajarlas un poco. Y así me encontraba, panza arriba, con las piernas apoyadas en la pared, mirando Instagram mientras las gatas se me subían por encima, cuando oí a mi madre muy vivamente en mi cabeza diciéndome "pero ¿qué haces en el suelo?". Como es obvio, no la oí, me lo imaginé, pero sé que es justo eso lo que me habría dicho si me hubiera visto. Y como ahora vivo sola y nadie me dice nada, pues me da igual lo que dirían si me vieran y paso más tiempo ahí. 

Un día leí, no recuerdo ni cuándo ni a quién, que a veces, cuando te estancas, tienes que cambiar la perspectiva. Y es cierto que las cosas se ven de otra manera. La ventana por donde entra el sol, los muebles de la cocina acechando desde el techo, la gigantesca nevera. Pero también puede una estar cómoda en lo desconocido. Cada vez más.

martes, 18 de febrero de 2020

El sol sale

La niebla se acaba yendo y el sol sale. Sabemos que la niebla volverá a llegar en algún momento, pero el sol siempre acaba saliendo, y hay más días de sol que de niebla.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Niebla

Todos los días paso por la estación de Chamartín y suelo levantar la cabeza del libro para admirar las Cuatro Torres. Estos días de niebla no estoy pudiendo verlas y me genera una ligera sensación de ansiedad. Sé que están ahí, pero no puedo verlas, ni siquiera la parte baja. Unos mamotretos impresionantes, sobrecogedoras construcciones, verticales, infinitos y aplastantes armazones cubiertos de cristales relucientes y brillos etéreos, ocultos por minúsculas gotas de agua, suspendidas en el aire como por arte de magia, compresoras de la comprensión, asfixiantes, opresivas a la vez que inconsistentes. Déjame respirar.

Pero un día la niebla se irá, y, con ella, la angustia.


sábado, 8 de febrero de 2020

Hazlo

Llevo dos meses viviendo sola. Esta experiencia es nueva para mí. Al principio pensaba que me iba a costar muchísimo, que iba a sentir un miedo constante, que todo iba a cambiar. Pero resulta que sigo en la casa en la que llevo viviendo casi seis años, cómoda, con mis gatitas haciéndome compañía y recibiéndome en tropel en cuanto entro por la puerta y nada ha cambiado. Tenía mucho miedo de tomar la decisión que tomé, pero aun así, la tomé. Y estos meses he vivido otros miedos, a niveles más superficiales y más profundos. He sentido ansiedad, angustia, desesperación, por diferentes situaciones, por diferentes personas. Pero pasa un día, te vas a dormir, y tienes el siguiente delante de ti, esperando que lo afrontes como un lienzo en blanco.


Vale, sí, hay una ausencia, una compañía de otro tipo que ya no está. Hay cosas que echo de menos, como tener a alguien a quien abrazar en el momento en que lo necesitase. Pero resulta que, aun en los momentos en los que siento que necesito un abrazo, aunque no me lo de nadie, tampoco me muero. Y la vida sigue, el momento pasa, y no pasa nada. Y todo eso que echo de menos lo iré superando poco a poco, porque estoy buscando la manera de proveerme lo que necesito por mi cuenta. Esta soledad me ha hecho pensar mucho más, comunicarme mucho más conmigo misma, porque ahora analizo esos momentos en los que recurría a otra persona para desahogarme, consolarme o simplemente no sentirme sola. Ahora, en esos momentos se produce un conflicto en mí, un conflicto entre el hábito de refugiarme en alguien y mi nueva realidad, que me empuja a analizar, a profundizar en esas costumbres y necesidades que me creé alrededor de otro. Me doy cuenta de que tomé por necesidades lo que son deseos, comportamientos agradables, que me daban una recompensa emocional, pero que no son una necesidad de vida o muerte. 

Estoy trabajando en mí, tratando de diferenciar lo que quiero y lo que necesito, lo que me gustaría encontrar en mí y en los demás, lo que estoy dispuesta a dar y lo que quiero recibir. En mi vida. No mezclar deseos y desesperaciones, no confundir palabras bienintencionadas con ataques, ni que me las confundan, no buscar en los demás lo que me falta a mí, ser más amable, conmigo y con los demás, no juzgar ni que me juzguen a la ligera, dar a la gente el beneficio de la duda. Qué fácil es encontrar una falsa intimidad, qué difícil que alguien se abra de verdad. Pero la primera que se tiene que abrir soy yo, conmigo misma. Cuántas veces me he machacado, me he hundido con palabras que no le dirigiría ni a mi peor enemigo. Tengo que abrirme y sacar eso, tener más compasión por mí y por los demás. Mirarme a un espejo y mirarme como miro a una amiga. Mi compañía es la que voy a tener siempre, la quiera o no. Y es la que más vale.


No sé lo que vendrá, pero sí sé que, aunque yo no sea ni vaya a ser perfecta nunca, estoy aprendiendo de mí, y estoy buscando mejorar y valorarme más. Estoy mirando dentro y viendo lo que quiero cambiar, para poder ser consciente de mis errores y cambiarlos, pero también lo que ya me gusta y quiero conservar. Me gusta mi forma de ser, me gusta sentir todo, me gusta abrirme a la gente, me gusta haber conseguido ser positiva y, aunque tenga mis momentos de bajona, esperar las cosas buenas que SÉ que están por venir. Sea lo que sea, venga cuando venga. Aquí estoy, esperando a la vida, caminando mi camino.


Ay, amiga, siempre a la busca del sueño, la vida perfecta. Pero eso no existe. Nadie es perfecto. Siempre hay problemas, más o menos graves. Y no pasa nada, porque la vida es así, y si fuera perfecta nos acabaríamos aburriendo, no tendría ningún interés. Tenemos que seguir adelante, saltar por encima de esos obstáculos que nos pone la vida en el camino, y, cuando llegamos a una colina verde, fresca, llena de flores y árboles, parar un rato y disfrutar de esa carrera con una pausa, una respiración profunda, para coger fuerzas y continuar por el sendero que tenga que venir, que trae oscuridad pero también mucha luz.



sábado, 7 de diciembre de 2019

Ave fénix

Hace más de tres años que no escribo en este blog. Tiene sentido para mí, son tres años de vivencias personales que me han tenido atrapada en una especie de no vivencia. No quiero decir que no haya vivido nada en este tiempo, es más bien que no he vivido demasiado. Mi vida ha ido avanzando, pero a la vez se ha quedado en una especie de stand by, como una burbuja congelada con poco aire dentro, como un arroyuelo que avanza muy despacio por su escaso caudal.

He tomado una decisión difícil y dolorosa, pero creo que necesaria. En este tiempo me he quemado, me he ido difuminando, asfixiando y convirtiendo en ceniza poco a poco. No es culpa de nadie, tampoco mía. Solo es.

He estado releyendo mi pobre y abandonado blog, y he descubierto esta entrada de hace siete años que es absolutamente vigente para mí en este momento: Reflexiones (III). Se la he enviado a mi mejor amiga y me ha dicho "Ana, ¿escribiste esto para nosotras? No hemos aprendido una mierda. Un mensaje para ti y para patito de dentro de siete años", y nos hemos estado riendo un rato. En ese sentido, somos iguales a entonces. Aun así, sabemos que hemos madurado, hay otras cosas que nos lo demuestran. Ahora afrontamos los problemas de otra manera, más de frente, ya no nos escondemos.


Esta decisión que tomé hace unos días no la habría podido tomar hace unos años, por aquel entonces. Y lo he hecho, y me siento más fuerte, porque es una decisión difícil, pero sé que la tomo porque, aunque ahora duela, es algo que va a reportar un bien mayor con el tiempo a dos personas. Y me siento orgullosa de mí misma, de tener unos valores fuertes y seguirlos, tratando de hacer el menor daño posible. Y me siento empoderada, por decir las cosas como las siento, sin andar con juegos de niños. Y me siento valiente, por no esconder lo que siento, por exponerme, pero sabiendo que no hay nadie que me pueda hacer más daño que yo misma. Y he decidido no hacerme más daño, y vivir más.

Mi padre siempre ha llamado a mi hermano campeón como apelativo cariñoso. A mí, princesita. Sé que no tenía mala intención, sé que eran apelativos cariñosos y aprecio su amor al decírnoslos, pero ya no puedo evitar ver el sesgo de género que va en ellos. Y ahora yo soy mi propia campeona, y me voy a levantar aunque haya caído, porque sé que soy fuerte, y porque por fin estoy empezando a darme el valor que merezco. Porque llevo años tirando de carros y carretas, propios y ajenos, y no me he concedido ni eso. Y he aprendido que no hay que dar las gracias solo a los demás, que también tenemos que cuidarnos y agradecernos a nosotras mismas. Así que a mí misma me digo: gracias, Ana, por pensar en ti, por ponerte en valor y por cuidarte.


"Sometimes you fall before you rise
Sometimes you lose it all to find
You've gotta keep fighting
And get back up again
My champion
Oh, my champion"

Voy a volver a nacer y me voy a levantar, como el ave fénix de sus cenizas, y voy a volver a vivir, porque llevo mucho tiempo en pausa y ha llegado la hora de volver.

viernes, 28 de octubre de 2016

Carta a mi primer amor



Hace un par de años me apunté a una especie de cadena de favores y fuiste una de las personas que quería recibir un favor. Las condiciones eran que no sabías cuándo ni cómo, yo tenía que hacer algo por ti, una sorpresa de algún modo (un detallito, una visita, una carta…). Dado que estás a miles de kilómetros de aquí, esta carta es mi regalo para ti.

Han pasado muchos años desde la última vez que te vi, y he pasado por muchas experiencias en la vida desde entonces, pero quería darte las gracias, porque creo que gracias a que la relación que tuvimos fue sana, no he tenido problemas para relacionarme con otras personas que vinieron después de ti.

Esto puede parecer una tontería, pero, desde que estoy metida en el movimiento feminista, me estoy dando cuenta de todo lo que condiciona nuestras vidas y nuestras relaciones. Está claro que una relación adolescente tiene muchos fallos y que según vamos creciendo vemos las cosas con más claridad, pero, dentro de lo que cabe, nuestra relación fue buena. Aún con los impedimentos que tuvimos que sufrir, conseguimos llevar una relación de un año y pico (si me hubieras preguntado por aquel entonces sabría decirte hasta los días, pero 14 años después no me acuerdo de tanto) de una manera respetuosa y con cariño. Junto a ti, viví hitos muy importantes en la vida amorosa de una persona (el primer amor, el primer beso, la primera vez…), y, después de todo este tiempo, si me dijeran que describiera esos momentos con una palabra diría “dulce”, porque las cartas, las llamadas, el tiempo que pasamos juntos… todo lo que vivimos lo recuerdo así. Está claro que el tiempo suaviza los recuerdos, pero sé que no tuvimos grandes discusiones, sé que no hubo comportamientos tóxicos, y sé que todo lo que hicimos fue consensuado y sin que nadie forzara a nadie a nada. Incluso la ruptura fue pacífica, porque sabíamos que no podíamos soportar más esa situación, esos kilómetros.

Después de ti, han pasado otros hombres por mi vida, pero de las otras relaciones aprendí más cosas que no quería para mí de las que sí quería. Restaron. Con la relación que tuvimos aprendí cosas que sí quería en mi vida. Sumaste. Ahora tengo la suerte de estar en una relación que suma, y todas las experiencias que viví me han hecho ser una persona que también suma para la otra parte (o eso creo). Supongo que todas las personas pasan por relaciones que suman y que restan, pero yo tuve la suerte de que mi primera relación fuese positiva. Una primera relación configura mucho la vida amorosa de una persona, y en eso es en lo que tengo que darte las gracias. Porque me trataste bien. Sí, aunque suene a tontería de nuevo, aunque parezca de sentido común que tenemos que tratar bien a los otros seres vivos que nos rodean, no todo el mundo hace eso. En otras relaciones me he sentido minusvalorada, engañada, frustrada… Cuando se suponía que para mis parejas en ese momento yo era una de las personas más importantes de su vida y, por lo tanto, era de esperar, era de sentido común, que me trataran bien y no siempre fue así. Tampoco estoy diciendo que todo sea blanco o negro, bueno o malo. Está claro que si estuve con esas personas era porque me aportaban algo en ese momento, pero el conjunto fue negativo. Y nuestra relación, en cambio, fue buena.

Aunque sé que estás lejísimos y que apenas hemos hablado en estos 14 años desde que nuestra relación se acabó, sé que eres una persona con la que puedo hablar sin problema si nos apetece, y sé que si un día nuestros caminos se cruzan en ese raro trayecto Bilbao-China-Madrid, podremos sentarnos juntos a tomar un café, ponernos al día y contarnos nuestras aventuras.

Además, mis padres me enseñaron que es de bien nacidos ser agradecidos. Así pues...

Muchas gracias, Íñigo.

Con cariño,

Ana


P.d.: Aún tengo guardadas todas tus cartas, atadas con un lazo rojo, como buena romántica que soy, ja, ja, ja.

viernes, 8 de julio de 2016

Quiero gritar

Porque no sé qué va a ser de mi vida en dos años. Porque no sé qué va a pasar con este país en el que vivo, al que a veces amo y al que veces odio con todo mi ser. Últimamente lo odio más que otra cosa. Un país no es nada. Un país es la gente que lo habita. No podemos echar la culpa de lo que nos pasa a un país, porque un país no tiene responsabilidad, porque no es nada. Y la gente de mi país me decepciona más que otra cosa. Sí, a veces tienen sus puntos bonitos, solidarios, amables y buenos. Pero últimamente sólo veo miseria. Sólo veo mierda por todas partes. Veo machismo, veo racismo, veo homofobia, veo gente egoísta, veo políticos que no trabajan para solucionar los problemas, sino que sólo quieren enriquecerse a costa de los imbéciles que confiamos en ellos, o que no nos queda más remedio que seguir sus malditas normas. Y yo quiero gritar y patalear, y quiero hacer ver a la gente que su pasividad sólo nos condena. Que conformarse con lo que hay porque lo que puede venir pueda ser peor es aceptar que nos maltraten. Que tenemos que tomar las riendas porque no hay país. Porque nosotros somos el país. No son ellos; ni los políticos, ni los hombres que se creen superiores a las mujeres, ni los blancos que se creen mejores que los negros, chinos o árabes, ni los heterosexuales que se creen mejores que los gays, lesbianas, transexuales o de cualquier otra preferencia para querer a quien les salga de la punta del nabo o del chocho o de lo que les de la gana tener, que a usted qué cojones le importa lo que haga cada uno en su cama. Porque ya basta de que nos pisoteemos entre nosotros. Ya basta de que nos hagan odiarnos y pelearnos entre nosotros, cuando los poderosos son los que se quedan la mayor parte del pastel y la mayoría de la población vive con menos que más. Ya está puto bien. No puedo más con esta sociedad de mierda. Con este país de mierda que somos nosotros, que lo hacemos así. Y me hinchan las narices los seguidores acérrimos de un partido político. ¿Es que os da de comer? Obviamente a los dirigentes sí, pero ¿a nosotros? ¿A los curritos de toda la vida? No, que los que estamos currando por 4 duros somos nosotros, oiga, y 2 se los quedan en impuestos. ¿Qué es esa mierda de ser un puñetero fanático de un partido? Hay que ser crítico, y si el partido al que has votado te está jodiendo pues lo reconoces y te quejas y les exiges, no lo justifiques para tener la conciencia limpia y no sentirte mal con lo que votaste. Que los que votamos lo hacemos confiando en que lo que nos prometen con esas endulzadas promesas electorales se convierta en realidad como si las hiciera el hada madrina de Cenicienta, pero resulta que los políticos luego hacen lo que quieren y no cumplen. Esto tampoco quiere decir que vote cada uno así al tuntún porque todos tienen bonitos ideales. Tampoco hay que ser imbécil, mire. Que hay que informarse al menos un poquito. Pero que ya está bien de amar y justificar a un partido politico como si fuera un equipo de fútbol. Que si uno vota a un partido un año y a otro en otras elecciones no es ser chaquetero. Es informarse y votar lo que se cree mas conveniente, cojones. Que parecemos subnormales con las fidelidades políticas. Y quiero gritar no sólo por eso. Es todo, mire donde mire hay injusticias y estoy tan harta que quiero gritar, pero de verdad. Que a la próxima persona que me intenté justificar un comportamiento machista/racista/homofobo voy a dejar de hablarle por no partirle su estúpida cara. Y no quiero irme del país, no quiero irme lejos de mi familia y amigos, pero si esto sigue así igual me tengo que ir. Tengo la sensación de que esto es insostenible y que va a reventar por algún lado. Y tengo la sensación también de que muy poca gente se da cuenta de que esto es insostenible y va a reventar por algún lado, y sólo veo gente pasiva, y yo quiero hacer algo. Algo que no sea gritar. Quiero mejorar esto, pero no sé cómo, y eso me frustra más, y me hace querer gritar más. Argh.

Y sí, he escrito esto tal cual me ha salido, y no, no voy a corregir los tacos, ni las redundancias, ni nada, que si la vida es así pues así la digo. Y a tomar por culo todo.


miércoles, 15 de junio de 2016

Papá, mamá, no quiero ser una princesa.

Papá, mamá, siento decepcionaros si queríais una pequeña princesita adorable, pero yo no soy eso. He pasado muchos años queríendo serlo, viendo modelos de conducta por todas partes que me empujaban a ser amable, sonriente, dulce, cariñosa y a no molestar mucho, si podía ser. Las niñas, las chicas, las señoritas (no digamos mujeres, que suena muy adulto y sin gracia), tenemos que ser esbeltas, gráciles, guapas, aseadas, bien peinadas y maquilladas, con un aura que desprenda fragilidad y gracia por todas partes. Tenemos que ser un adorno, y tenemos que querer serlo. Miles de influencias nos lo gritan a la cara desde que somos pequeñas; incluso antes de nacer ya nos están comprando ropa rosa, no vaya a ser que nos vistan de otro color y parezcamos un niño.

Eso no quiere decir que rechace de plano todo eso. Se puede ser amable, sonriente, dulce y cariñosa, no hay problema en ello. Pero eso no quiere decir que haya que ser así todo el tiempo. Yo me considero una persona amable y cariñosa, pero también tengo mucho carácter, digo lo que pienso y lucho por lo que quiero. Ahí hay un conflicto con el ideal princesil. Y ese conflicto lo he sufrido toda mi vida, porque en cuanto una niña/chica/señorita saca un poco de nervio, resulta que es una marimandona, o una borde, o cualquier otro calificativo despectivo. Porque una princesa tiene que ser un ser hermoso y pasivo, no puede ser decidida, no puede pensar, no puede tener carácter, no puede destacar y no puede cuestionar las órdenes. Tiene que seguir el protocolo marcado, y, si lo incumple, chirria y hace que todo el mundo la mire con desprecio para que se arrepienta y vuelva a ser una princesa impecable.

No me maquillo. No lo hago porque me da pereza y luego siento la cara rara. El maquillaje me pica, me molesta, y no me parece que el esfuerzo de ponérmelo y llevarlo merezca la pena. Sí, me veo más guapa si me maquillo porque eso es lo que nos hacen deglutir una y otra vez desde la publicidad. Pero ¿por qué tengo que ser más guapa (si es que el maquillaje de verdad es bello)?¿Con qué fin?¿Para quién? Si es para mí, la verdad es que yo prefiero ir con la cara lavada, mucho más a gusto. Si es para complacer a los hombres entonces no me interesa. Al hombre al que le tengo que gustar ya le gusto lavada, despeinada y recién despierta. No soy un adorno, ni yo ni ninguna mujer. La que se maquille porque a ella le guste bien por ella, pero a las que no nos gusta ¿por qué tenemos que hacerlo? Quien dice maquillarse dice depilarse, matarse en el gimnasio o sin comer para estar delgada, llevar tacones o ropa incómoda para ir sexy o elegante o ambas cosas, maltratar el pelo con miles de productos para darle color o una forma específica... Lo mismo me da, básicamente cualquier tipo de actividad para cambiar lo que somos por naturaleza. Como toda buena princesa tiene que hacer para estar impecable.

No quiero ser princesa. No quiero comportarme todo el rato pensando en lo que van a pensar los que están a mi alrededor. Quiero poder decir lo que pienso y que se me escuche, quiero poder reirme a carcajadas sin que me miren como si estuviera loca, quiero poder expresar lo que siento sin que se me trate de histérica. Quiero poder llevar mis pendientes de perlas y enseñar mi tatuaje a la vez, sin que desentonen porque no encajan en un estándar social. Quiero poder decir "mama" en vez de "mamá" y no preocuparme si no suena fino. No he nacido en una alta cuna ¿y qué? Eso no quiere decir que sea peor que la gente que sí. ¿Por qué tengo que ser refinada? Ni que fuera a comer con el rey.

Ojo, que todo lo que estoy diciendo no quiere decir que no sepa comportarme. Sé diferenciar perfectamente un ambiente de otro. Pero si en mi casa y con mi familia digo muchos tacos y expresiones brutas, pues me expreso libremente y me río todo lo que quiero. Eso no quita que siempre salude, diga "por favor" y "gracias" y trate de usted a mis mayores. Eso no quita que cuando esté en mi lugar de trabajo sepa comportarme de manera profesional. Pero que en la intimidad familiar diga alguna burrada no me quita valor. Ni que no encaje con el estándar de mujer perfecta me quita valor. Y soy mujer, y me gusta, pero odio que por no ser perfecta me quieran hacer sentir menos mujer. Soy MUJER, me gusta y nadie me va a quitar eso. Y no, no soy una princesa. Y sí, soy cisgénero, heterosexual, blanca y no tengo ningún tipo de minusvalía pero creo que las mujeres que no coinciden con esto también son mujeres, y no son menos femeninas por ello. Porque la feminidad no es ser perfecta, no es ser un adorno, y no es encajar en un estándar social. Y a ninguna mujer deberían hacernos sentir menos mujer por no encajar con ese estándar.

Cerca ya de la treintena, por fin me he dado cuenta de que lo que quiero ser es una amazona, no una princesa.



lunes, 21 de julio de 2014

El gran paso

Cuando era pequeña imaginaba que con 25 años ya tendría trabajo y casa, estaría casada, tendría uno o dos hijos y toda mi vida resuelta. Cuando era pequeña pensaba que 25 años eran muchísimos, y habría tenido tiempo de hacer todo. Tengo 27, y apenas acabo de dar un paso, pero el paso más grande que he dado en mi vida, y aún me queda mucho camino que recorrer.

Hace una semana se cumplió lo que mi novio y yo estábamos deseando: irnos a vivir juntos. Hemos conseguido algo muy grande en estos momentos de crisis económica, en los que conseguir trabajo es toda una proeza. Ambos estamos trabajando, y nos da suficiente como para poder alquilar un piso, cubrir todos nuestros gastos y que aún nos sobre algo para ahorrar y para algún que otro caprichito. Hemos tenido una suerte inmensa en la búsqueda de piso y hemos encontrado una casa (que poco a poco estamos transformando en hogar) perfecta para nosotros. Nuestros respectivos padres han sido generosísimos y nos han comprado muchísimas cosas que necesitaríamos para la casa y nos han ayudado a mudarnos de la manera más cómoda posible. También contamos con su apoyo al completo.

Aún nos queda mucho por hacer. Colocar todo lo que nos hemos llevado al piso, acostumbrarnos a las tareas del hogar (sobre todo pensar qué cocinar cada día), acostumbrarnos al barrio, acostumbrarnos a la vida en pareja... Es un cambio inmenso y que da un poco de vértigo, pero estoy muy feliz de poder dar este paso junto a él.

Me siento muy afortunada de tener una familia como la mía, que me ha apoyado tanto con esta decisión, aunque me produce tristeza el marcharme de mi casa de toda la vida, y dejar a mis padres solos, ya que mi hermano se marchó de casa hace tiempo también. Con "suerte" no volveré a casa de mis padres nunca, ya que eso significaría que algo en la vida me ha ido mal. Ahora, aunque viva con mi novio, soy independiente, si me surge un problema tengo que resolverlo como buenamente pueda. Esa realidad acaba de plantarse ante mí y me asusta un poco, pero es que estoy saliendo de mi zona de confort y los cambios suelen dar miedo. Tengo que ser valiente y no dejarme amilanar. Ya no voy de la mano de mis padres, sino de la de mi novio, pero nuestras familias estarán cerca siempre. Los álbumes de fotos familiares van a cambiar, ahora hay personas nuevas en cada familia (él en la mía y yo en la suya), y es hora de crear nuevos recuerdos pero no para sustituir a los anteriores, sino para complementarlos y que nos hagan crecer como personas.

Ahora sólo queda empezar a caminar.



domingo, 18 de mayo de 2014

La vida. Tan poco pasa y tantas cosas a la vez. Apenas escribo, parece que no hago nada (o que no tengo nada sobre qué escribir) pero a la vez me siento en un momento crucial. La gente que me quiere dar consejo me dice que no tienes nada resuelto hasta que todo pasa de golpe y te encuentras con la vida delante, esperándote. Estoy esperando ese momento, pero quizá está pasándome ahora mismo y puede que no me dé cuenta hasta dentro de un tiempo. Quién sabe.

Lo único que sé es que estoy redescubriendo el amor. Siempre he sido una persona romántica y soñadora, idealizando el amor, sufriéndolo mientras leía romances en libros o los veía en películas, donde, por norma general, se resolvía bien y los protagonistas vivían felices y comían perdices. Pero en ningún lado dicen cómo amar. Hablan de gestos románticos, de absurdos ideales del amor que no expresan la realidad.

Puedes llegar a darte cuenta de que una pareja no te ama a ti, sino que ama el hecho de no encontrarse solo. Que hace por ti esos gestos románticos de libros y películas, que parece un príncipe azul a ratos, pero que se olvida de que la vida junto a otra persona necesita más que eso. Que está contigo porque te cruzaste con él en un momento de su vida en que cuadró, pero que si llega a ser otra lo mismo daría, porque tendría el mismo amor falso para cualquiera. Si dice "te quiero" a la primera de cambio sospecha. Eso ya lo aprendí yo, a las malas pero lo aprendí y ya no se me olvida. Tonta y soñadora de mí, ahora un poquito menos tonta y un poquito más realista.

Eso me pasó a mí, pero no sabía lo que falló hasta que llegó otro amor. No otro amor cualquiera. Un amor real. Llegó lentamente, a paso de tortuga, despacio pero constante. La primera impresión fue increíble, y el primer paso muy rápido, algo loco, intenso, irreal y agridulce. Después de eso hubo una pausa, que parecía interminable, agonizante, casi como una tortura. Pero durante esa pausa, que no era tal en realidad, todo estaba en marcha aunque no lo pareciera. Resulta que no tiene que ser un flechazo; poco a poco se puede llegar a conocer a una persona y darte a conocer. No es necesario recorrer todo el camino de golpe; el amor no es un sprint, es una maratón. Y resulta que es mucho mejor así. Ya vendrán los te quieros cuando tengan que venir, y los gestos románticos no tienen que ser un pasar la noche bajo su ventana, vale con un "estoy deseando que llegue la noche para poder dormir abrazado a ti". No se trata de palabras, ni gestos especiales. No hay un manual de lo que decir o hacer para ser el perfecto amante. Se trata de algo mucho más sencillo y claro; se trata de sentir de verdad, de hacer y decir las cosas desde el corazón, como se sienten, y no adornándolas. Así cobran sentido de verdad. No me digas lo que quiero oír, dime lo que sientes y si es lo que cuadra conmigo entonces bien; si no lo es, quizá no seamos el uno para el otro, pero está bien, porque es mejor saberlo ya que alargar la agonía. Parece mentira que haya que decir estas cosas, pero todavía hay gente que no sabe que el amor se basa en la confianza y en la sinceridad.

Lo mejor de todo es que esto lo he descubierto con una persona que desde que la conozco dice no creer en el amor. Creo que ahora ha cambiado de parecer, pero no me hagáis mucho caso, que es tarde.

jueves, 14 de febrero de 2013

Libros

Casi siempre que voy en metro suelo llevar algo para leer, pero hoy se me ha olvidado. En ocasiones, mientras me dedico al placer de la lectura, mi mente decide fantasear sobre otras cosas, por frases o palabras que leo y me recuerdan alguna vivencia, conversación o cualquier otro suceso, real o ficticio. Para los demás viajeros, yo sigo enfrascada en la lectura, pero ya no estoy con ellos en el subterráneo. En cambio, hoy se me ha olvidado llevar algo para leer. He intentado fantasear para entretenerme durante el trayecto, pero no sabía donde mirar, y, si cerraba los ojos, tampoco funcionaba. Parece que los libros con su sola presencia, inspiran a mi mente. Me gusta pensar que tienen una esencia que me lleva a otros lugares, que el solo hecho de tener palabras delante de los ojos ya despierta mi imaginación. Los libros tienen un alma imperceptible, pero, cuando no están, se nota.


miércoles, 9 de enero de 2013

Sorpresas

Es impresionante la capacidad de las personas de sorprender. Cuando crees que conoces a alguien a fondo, resulta que cambia total y radicalmente su forma de actuar, de dirigirse a ti, de tratarte. Entonces te empiezas a cuestionar qué es lo real. En qué momento lo que viste fue real y lo que ves ahora es falso, o al revés. Toda la seguridad que antes tenías desaparece, y tu confianza también, pero no en esta o aquella persona, sino tu confianza sobre el mundo de las relaciones humanas. Y yo que creía que me gustaban las sorpresas.

Estamos tarados. Todos. Todas y cada una de las personas tenemos taras psicológicas, más grandes o más pequeñas, pero las tenemos. Eso no quiere decir que estemos locos, es algo natural, nadie se salva de este destino, y el que diga que no es que no se conoce a sí mismo. La locura llega en el momento de manejar esas taras. Si no sabemos controlarlas, ellas nos controlarán a nosotros. Una persona puede tener baja autoestima, es una tara, pero mientras no pase de ahí no hay problema. En cambio, una persona con mayores desórdenes mentales, convierte esa autoestima en un trastorno de la alimentación, o en agresividad hacia los demás o vaya usted a saber en qué. Eso sí es un problema.

Incluso aquello que creemos bonito, como el amor, puede convertir una tara en una locura aberrante. Cuando a través del amor alguien se asfixia, porque no sabe vivir sin él, porque el miedo a estar solo es superior a lo que puede manejar, hace muchas tonterías que califica de actos románticos, pero sólo son actos enfermizos. He visto el deterioro con mis propios ojos, he visto esa transformación dolorosa, y es atroz. Y el hecho de verlo, saber lo que pasa, y no poder hacer nada para ayudar a esa persona es muy frustrante.

Cada vez más, se va afianzando en mi ser la convicción de que dependemos única y exclusivamente de nosotros mismos. Cuanto antes aprendamos esta lección, menos nos dolerá. No quiero pasar por que mis defectos me dominen y se conviertan en mis fantasmas. No quiero ir buscando a alguien que complemente lo que me falta porque yo no supe controlarlo y necesito una muleta en la que apoyarme.

Siempre he amado las navidades, porque en mi familia siempre hemos sido felices, pero este año estaba ausente, como si las navidades estuviesen pasando a mi lado, pero al otro lado de la pared, lejos de mi alcance; yo las sentía, pero lejos. No he salido a comprar regalos, no he puesto villancicos, cuando me he reunido con la familia no se sentía igual. No he hecho propósitos de año nuevo. Total, ¿para qué? Si luego no los cumplo. Aunque sí me he dado cuenta de que tengo una resolución, que no tiene que ver con estas falsas ilusiones de cambiar el rumbo de tu vida por tres deseos que hagas tomándote las uvas. Quiero ser yo misma, sola, poderosa, capaz. No quiero depender de nadie para poder disfrutar de mi vida. Creo que estoy creciendo como persona. Voy a identificar mis taras y las voy a intentar corregir y controlar lo máximo posible. 

Igual estoy equivocada, pero creo que si cada persona se centrara más en mejorarse a sí mismo en lugar de criticar a los demás por sus fallos, todos viviríamos más felices. Siempre habrá víboras emocionales esperando a atacar cualquier punto débil, pero lo importante es que no los tengamos, o, si los tenemos, que estén bien ocultos y sean inalcanzables para los demás.

No siempre ayudo a todo el mundo. Soy una persona que prefiere concentrar sus energías en pocas personas pero ayudar bien, que intentar ayudar a mucha gente de manera que deje que desear. Pero ayudo, y estoy un poco cansada de que la mayoría de mis esfuerzos se vayan por la borda, ya que la gente suele no apreciar lo que se hace por ellos, como me han demostrado ya en múltiples ocasiones. Y cuanto más te vuelcas en alguien, menos lo aprecia. He decidido ayudarme a mí misma, he decidido ser mi prioridad, y, después, vendrá la ayuda a la gente que se lo merezca y lo valore. Pero me he hartado de tirar mis fuerzas en saco roto. Y que me digan egoísta si quieren, me da igual.

A partir de ahora camino por mi ruta, por la que yo elija en cada momento, no por la que me obliguen a seguir. No tengo que demostrarle nada a nadie, sólo a mí misma. Empiezo con la cabeza alta y la conciencia tranquila. Estos meses de dolor se han acabado.


Que cada uno se ocupe de su propia felicidad.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Reflexiones (III)

Como todo aquel que me conozca un poco sabrá, llevo una época bastante agitada. Debido a ello, siento últimamente mucha necesidad de hablar y compartir mis vivencias y sentimientos con mis amigos, pero sobre todo con amigas que están pasando por situaciones complicadas parecidas a la mía. Paso mucho tiempo hablando con ellas, y nos aconsejamos mutuamente, aunque a veces parecerá un poco absurdo, como si dos locos intentaran demostrarse el uno al otro como actuar con cordura. Muchas veces hablamos y nos contamos lo que nos pasa una y otra vez intentando encontrar explicaciones que no van a aparecer por muchas vueltas que les demos, pero parece que, como un mantra que se repite sin cesar, eso nos calma, y el solo hecho de contarlo nos libera un poco de su peso. 

En otras ocasiones, nos damos consejos que sabemos que nosotras mismas no podemos cumplir, aunque deberíamos, por eso los damos a nuestras amigas, para que ellas sean más listas que nosotras, hagan lo que deben hacer y no sufran; pero al final ninguna lo hace. Tenemos algo que nos impide hacer lo que sabemos que deberíamos, es demasiado complicado controlar los sentimientos. Hoy le he dicho esta frase a una de ellas: "Haz lo que te diga tu corazón, porque por mucho que intentes negarlo acabarás haciéndolo; si te sale bien, estupendo, y sino, ya sabes dónde me tienes". Al escribirla, me he dado cuenta de que es lo que todas hacemos; nos decimos que vamos a ser fuertes, a hacer lo que más nos conviene, pero al final cedemos ante los sentimientos, así que mejor no luchar contra ellos. 


Es curioso que el ser humano se define como animal racional. Bien es cierto que pensamos, hablamos, creamos, etc., pero a la hora de sentir... eso es otro cantar. ¿Cómo podemos definirnos como racionales cuando no podemos controlar lo que sentimos? Hay algo dentro de nosotros que nos controla a un nivel primitivo, nuestras hormonas, nuestro miedo, nuestros deseos... no podemos ignorar todo eso por mucho que lo queramos. Podemos fingir que lo controlamos, pero dentro de nosotros, aunque no lo reconozcamos, algo más básico nos puede. Bajo nuestra apariencia dura y autosuficiente hay un pequeño rincón que necesita ser besado y abrazado con cariño; o un pequeño niño que necesita que su madre le diga que todo va a salir bien; o un autoestima que necesita crecer a base de apariencias y reconocimiento falso; o cualquier necesidad o defecto que tengamos, que va más allá de nuestro alcance y, al final, nos acaba dominando.

Lo cierto es que no sé cómo habría llevado todo esto sin el apoyo de la gente que me rodea. Esta entrada se la dedico en especial, aunque no exclusivamente, a mi noria, mi pececillo, mi patito y mi princesa bultos, que me estáis apoyando más que nadie. Gracias a todas por estar ahí, os quiero muchísimo. Os dejo esto que he leído por ahí, aunque no encuentro quién lo escribió:

Un día el Amor y la Amistad se encontraron. Preguntó el Amor "¿Para qué existes si ya existo yo?. Y la Amistad contestó "Para traer una sonrisa cuando tú dejas lágrimas".


martes, 16 de octubre de 2012

Historias paralelas

Hoy me gustaría que, en lugar de contar algo yo, me lo contasen a mí. He estado pensando en esas historias que en la ficción se muestran pero que en la vida real es imposible conocer. Sobre todo en comedias románticas y películas del estilo, se suele ver la historia desde las dos partes de una relación, desde el punto de vista del chico tímido e inseguro y desde el de la chica extravagante e inadaptada; o desde el de la chica popular que en el fondo no tiene buena autoestima y desde el de la chicha callada con una personalidad arrolladora que al final se desata pero al principio tiene envidia de la otra. No sé cómo ha llegado esta idea a mi cabeza, pero me ha dado por pensar que yo sé lo que yo he sentido por otras personas, yo he estado mirando el teléfono de reojo sin parar durante horas esperando una llamada, pero, ¿alguien lo ha hecho esperando la mía?


Me gustaría saber la otra parte de mi historia, en la que se cuenta si alguna vez alguien ha sentido admiración por mí, si alguna vez alguien ha sentido miedo de hablar conmigo porque le imponía demasiado respeto, si alguna vez alguien ha deseado decirme lo que sentía por mí pero no se ha atrevido, si alguna vez alguien ha deseado besarme como si fuera lo único que necesitara para vivir, si alguna vez a alguien le he caído mal solamente por un gesto que ni siquiera me doy cuenta de que repito constantemente, si alguna vez alguien ha tenido celos de mí, si alguna vez alguien me ha mirado de reojo al pasar para que no me diera cuenta de que lo único que quería era que le abrazase, si alguna vez alguien ha soñado conmigo cuando menos se lo esperaba, si alguna vez alguien ha deseado que no parase de mirarle a los ojos, si alguna vez alguien se ha sentido tan decepcionado por mí que no podrá volver a confiar en la gente igual que antes, si alguna vez alguien ha deseado que me muriera, si alguna vez alguien ha atesorado en su memoria algo que ni siquiera recuerdo, si alguna vez alguien se acuerda de mí aunque hace años que no hablemos, si alguna vez alguien... 


Yo sé todo lo que he sentido de la lista de arriba, y por quién, y, aunque tampoco es bueno saber todo lo que piensan de ti, sí me gustaría ver episodios de mi vida desde el punto de vista de otras personas. Igual es que leo demasiado, pero es irremediable que una chica que lee fantasee.

sábado, 13 de octubre de 2012

Yo

Algo de lo que más te puede sorprender en esta vida es tú mismo. Uno cree que se conoce hasta que se da cuenta de que ha hecho algo que no se creería si se lo hubieran contado unos meses antes. Toda mi vida he pensado que me conocía muy bien, que tenía unas convicciones muy sólidas, pero ya no estoy tan segura. Los últimos meses han estado llenos de caos, me he reído hasta llorar y he llorado hasta dormirme. Han pasado situaciones buenas y malas, pero aún así, sé que todo esto me enriquecerá como persona, porque son nuestros errores los que nos fortalecen. No sé que ganaré con esto, no sé que conservaré de mi anterior yo, pero sé que mejoraré. No puedo decir que soy una chica que ama la música y la literatura, y que soy romántica hasta la médula, que lo soy, pero no soy sólo eso. No puedo reducir mi existencia a cuatro frases, a diecisiete adjetivos y a tres fotos. No sé hacer eso, si no puedo ni entenderme a mí misma, ¿cómo voy a resumirme así? ¿De qué va a servir a nadie que no me conozca ya que diga que mi color favorito es el morado? ¿De qué va a servir que explique a nadie mis motivos y mis razones de actuar? Cada persona es un mundo, no se puede reducir a una persona a ese nivel. Nunca llegamos a conocer a nadie del todo, siempre se guardará sus deseos más íntimos, sus miedos más irracionales, siempre se guardará aquello que no es capaz ni de reconocerse a sí mismo. Si tenemos suerte podremos ver un poco más allá del boceto de cada uno.


Sólo podemos aspirar a tener relaciones estrechas y duraderas con personas con las que hemos conectado de manera especial, en cualquier sentido que una relación pueda tener. Queremos etiquetar todo, queremos saber exactamente qué es cada cosa, queremos tenerlo todo bajo control... pero el que piense que puede conseguir eso es un iluso, como yo lo he sido. Ni siquiera la persona a la que creía que me había mostrado más abiertamente sabe lo que hago ni porqué lo hago. Le explico las cosas una y otra vez, pero no lo comprende. No sé si es porque yo no me explico o porque él no quiere entenderme. No hay culpas, no hay culpa para nadie, pero estamos así, y se me han acabado las explicaciones. No puedo justificar cada uno de mis actos, cada uno de mis pensamientos y cada uno de mis movimientos, porque no lo hago ni conmigo misma, y es agotador. No puedo examinar todo al milímetro y exponerlo de manera clara e inequívoca, porque mi cabeza no da más de sí. Me importaba mucho que él entendiera mis motivos, que pudiese llegar a entender que nunca quise hacerle daño, pero no puedo seguir dando explicaciones, y si no lo comprende ya, no va a entenderlo por más que se lo diga. Si al final, después de todo este tiempo juntos piensa que soy una persona horrible y que ni me importa ni me ha importado nunca ya no le voy a intentar hacer cambiar de parecer, que piense lo que quiera.

Yo sólo soy responsable de vivir mi vida, ya no me importa que los demás me juzguen, que hablen a mis espaldas, que me deseen el bien o el mal. No me voy a justificar más, porque todo el mundo comete errores. Nadie es bueno, nadie es malo. Somos personas, hacemos cosas buenas y malas, porque somos humanos, porque somos imperfectos por naturaleza. Yo siempre he intentado hacer lo mejor que estuviese en mi mano, y, aún así, he cometido errores como el que más. No es que vaya o no a consentir que nadie me diga que soy mala, simplemente es que me va a dar igual lo que digan. Yo sé lo que he sentido, cuales han sido mis intenciones y mis pensamientos, y viviré en paz con ellos.


lunes, 10 de septiembre de 2012

Tiempos

Llevo unas semanas en las que parece que el tiempo está loco. La última semana me ha pasado volando, la anterior a esta lentísima, y la anterior a esa muy rápido también. Además, cuando intento recordar las cosas de estos días, está todo como difuminado, como si hubiera pasado hace mucho tiempo. No sé en que día vivo, a todo me refiero diciendo "el otro día...", porque no sé cuando sucedió.


Luces rojas, hamburguesas de un euro, música electrónica, rectas y rotondas, rectas y rotondas, rectas y rotondas... Uuuuuuh... Nge.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Locura

Durante los últimos días han pasado cosas que no pensé que pasarían, que no me esperaba, y que podría haber soñado como algo de novela o película hollywodiense, pero no creía que sería protagonista de ellas jamás. Y ahora no tengo ni idea de qué va a pasar.


Llevas una vida normal, en la que crees que no te esperan sorpresas, y, de repente, todo tu mundo se pone patas arriba. Tienes unas convicciones, unos valores, y, como si algo saliera de la nada, estos se tambalean, desaparecen y te dejas llevar.

Y empiezas a ver amanecer, y empiezas a bailar, y a reír, sin pensar en las consecuencias.

Besa, ríe, ama, salta, bromea, juega, pelea, grita, canta, abraza, enfádate, llora, mira, enamórate, pierde el control... Levántate y vive.


martes, 31 de julio de 2012

Reflexiones (II)

Mañana me voy de vacaciones a Almería, por tercer año consecutivo. El hecho de que vaya al mismo sitio desde hace tiempo, me da la agradable sensación de tener un pueblo que nunca tuve. Cuando era pequeña, muchas de mis amigas del colegio, cuando llegaban épocas no lectivas, se iban a sus respectivos pueblos de la madre, el padre, la abuela o quien sea. Siempre me dieron mucha envidia, porque yo me quedaba aquí, o, si había suerte y ese año nos tocaba irnos de viaje, iba a un lugar donde no conocía a nadie. Sé, también, que muchas de ellas no querían ir, porque se aburrían, pero a mí me daba igual, yo quería un pueblo.


Quería tener la sensación de llegar a un sitio conocido, donde puedes ver a gente que hace tiempo que no ves, pero que te agradan. Tener tiempo para vivir despacio, quedando para tomar algo y poneros al día de vuestras respectivas vidas en la ciudad, mientras disfrutáis de la paz de un lugar retirado. Igual he idealizado la imagen de la vida en un pueblo. Y bien cierto es que Almería capital no es un lugar retirado, pero vuelvo a gente que me conoce. Supongo que, con las comodidades de la ciudad, acabaría por aburrirme, pero la sensación de pausa es buena de vez en cuando. Y la sensación de desconexión de tu vida habitual también lo es.

De momento, mañana pasaré siete horas en el tren, destrozándome la espalda, pero, cuando llegué, podré estirarme mirando el mar.